El dato mayor a lo esperado en la contratación de trabajadores en EEUU durante el mes de julio, al llegar a 255.000 frente a una previsión de 180.000, revela que la recuperación del empleo vuelve a la primera economía del mundo. Algo de por sí positivo, que beneficia a los mercados globales.
Ahora bien, al mismo tiempo plantea cuestiones. Porqué esas cifras tan risueñas se producen a un tiempo en que el crecimiento se muestra muy débil, al avanzar tan sólo en 1,2% en el segundo trimestre cuando se esperaba un 2,5%.
El empleo no es el motor del crecimiento, pero sí es la fuente de unas rentas más altas y de una mayor capacidad de compra, lo que puede empujar hacia arriba a la inflación, obligando a la Reserva Federal (Fed) a subir los tipos de interés.
El mercado estima que hay un 26% de posibilidades de que esto ocurra en la reunión de septiembre, proporción que crece hasta el 47% cuando se trata de de la cita de diciembre. Y eso obligaría a rehacer los cálculos de la inversión en bolsa.
Va a haber mucho trajín con esta cuestión hasta que Janet Yellen diga algo el 26 de agosto en el tradicional encuentro entre banqueros centrales en Jackin Hole. Hasta entonces, habrá reacciones variables, que pueden mantener una cierta volatilidad en los mercados, aunque sin excesiva violencia.
Hoy Wall Street ha abierto en positivo però sin euforia y en España, donde el IPC de julio se ha situado en menos 0,6 por ciento –es decir, dos décimas por encima de la cifra de junio–, el Ibex ha subido moderadamente. En definitiva, los mercados han entendido que el buen dato de empleo en Estados Unidos rebaja el temor a un deterioro del decrecimiento però no despeja todas las incertidumbres. A modo de ejemplo cabe recordar que Deutsche Bank y Crèdit Suisse han debido abandonar el Eurostoxx.