El gobierno ucraniano ha elevado el tono de alerta después de que Rusia haya afirmado haber utilizado un misil balístico de alcance intermedio, conocido como Oreshnik, contra la región de Lviv, en el oeste de Ucrania. Según el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, el ataque –producido muy cerca de la frontera con la Unión Europea y la OTAN– constituye una amenaza grave para la seguridad del continente europeo y un ensayo de presión directa sobre la comunidad transatlántica.

“El uso de un misil de estas características cerca del territorio de la UE y de la OTAN es una prueba de fuerza y una advertencia”, ha señalado el jefe de la diplomacia ucraniana, que considera el episodio una escalada cualitativa en la guerra iniciada por Moscú. Kyiv ya ha informado a Estados Unidos, a sus socios europeos y a diversas organizaciones internacionales de los detalles del ataque a través de canales diplomáticos.

¿Cómo justifica Rusia el ataque?

Ucrania rechaza de plano la justificación rusa, que vincula el lanzamiento del misil a un supuesto ataque contra una residencia del presidente Vladímir Putin, un incidente que, según Kyiv, “nunca ha existido”. Para el gobierno ucraniano, este relato es una nueva muestra de que el Kremlin “no necesita motivos reales para sembrar el terror”, y que utiliza pretextos fabricados para legitimar acciones militares cada vez más agresivas.

El ministro ha ido más allá y ha calificado el uso de un misil balístico de alcance intermedio como una respuesta “a las mismas alucinaciones” del presidente ruso. En este sentido, advierte que no se trata solo de una amenaza para Ucrania, sino de un riesgo global que exige respuestas globales. “Cuando Putin prueba armamento de este tipo a las puertas de la UE, el mensaje va mucho más allá del frente ucraniano”, ha remarcado.

Ucrania pide más presión a Rusia

Ante este escenario, Kyiv reclama un aumento inmediato de la presión internacional sobre Rusia, especialmente en el ámbito económico. El ministro ha señalado como prioritarias nuevas medidas contra la flota de petroleros rusos, los ingresos procedentes del petróleo y los esquemas financieros que permiten a Moscú esquivar sanciones. En este punto, ha avalado las acciones impulsadas por los Estados Unidos y ha pedido que se extiendan no solo dentro de la UE, sino a escala global.

Ucrania también insta a los estados y a las organizaciones internacionales a desmentir activamente “las mentiras rusas” y a no normalizar una escalada que, según Kyiv, erosiona las bases de la seguridad europea. Como respuesta política inmediata, el gobierno ucraniano promoverá una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como encuentros específicos del Consejo Ucrania-OTAN y debates en el seno de la Unión Europea, el Consejo de Europa y la OSCE.

El mensaje de fondo es claro: el conflicto ya no se puede leer solo como una guerra regional. Con cada nuevo paso militar cerca de las fronteras europeas, Ucrania insiste en que Moscú pone a prueba la capacidad de respuesta de Occidente y el futuro mismo del orden de seguridad internacional.