El presidente estadounidense Donald Trump firmó el sábado una orden ejecutiva destinada a acelerar el acceso a la investigación médica y al tratamiento basados en drogas psicodélicas. La orden instruye a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) a acelerar la revisión de medicamentos como la ibogaína, la psilocibina y el LSD que, según grupos de veteranos militares estadounidenses, pueden ayudar a tratar el trastorno de estrés postraumático (TEPT), lesiones cerebrales traumáticas y otros problemas de salud mental, especialmente entre los excombatientes estadounidenses. Esta orden presidencial busca frenar el elevado índice de suicidios entre los veteranos de Estados Unidos, que superan las 6.000 muertes anuales, el doble que en la población normal. Trump firmó la orden presidencial en el Despacho Oval, en un acto ante el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., el comisionado de la FDA, Marty Makary, y el podcaster Joe Rogan, todos impulsores de la iniciativa, así como veteranos militares estadounidenses. Trump dijo que la ibogaína había llegado a su conocimiento en parte gracias a los esfuerzos de Rogan, que dedicó un episodio de su programa a los defensores del uso de esta droga en el tratamiento de veteranos.
El presidente bromea con la depresión
“Me complace anunciar reformas históricas destinadas a acelerar drásticamente el acceso a nuevas investigaciones médicas y tratamientos basados en fármacos psicodélicos”, dijo Trump antes de firmar la orden. El presidente estadounidense insistió en que, si estas sustancias “resultan ser tan beneficiosas como la gente afirma, tendrán un impacto enorme en el país y en otros lugares”. “En muchos casos —añadió—, estos tratamientos experimentales han demostrado tener el potencial de transformar la vida de las personas que sufren enfermedades mentales graves y depresión, incluidos nuestros queridos veteranos”, remarcó el republicano, al referirse a la tasa de suicidios entre excombatientes, la mayoría con trastorno de estrés postraumático. Durante la firma, Trump hizo un comentario en tono de broma sobre probar él mismo la ibogaína, que cura la depresión, diciendo: “¿Puedo tomar un poco, por favor? Perder lo que sea necesario. No, no tengo tiempo para estar deprimido”, remachó.
🇺🇸 | El presidente Trump hace una broma sobre querer tomar una droga psicodélica para lidiar con la ansiedad:
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) April 18, 2026
"¿Puedo tomar un poco, por favor? Tomaré lo que sea necesario. No tengo tiempo para estar deprimido." pic.twitter.com/IlX8LARChf
Acelerar las revisiones y eliminar barreras burocráticas
La directiva instruye a la FDA a agilizar las revisiones bajo la designación de “terapia innovadora”, eliminar barreras burocráticas y coordinarse con la DEA para permisos especiales en entornos controlados. Incluye un compromiso de 50 millones de dólares de fondos existentes del Departamento de Salud para apoyar programas estatales y ensayos clínicos avanzados. A pesar del optimismo del presidente, la medida ha abierto debate dentro de la comunidad científica. La ibogaína, a pesar de mostrar resultados prometedores, es conocida por su potencial riesgo de toxicidad cardiovascular, hecho que ya llevó al Instituto Nacional de Salud (NIH) a detener investigaciones anteriores en los años noventa. Actualmente, sustancias como la psilocibina, el MDMA y el LSD continúan clasificadas en la Lista I (sustancias ilegales sin uso médico aceptado). Sin embargo, la orden ejecutiva pretende acortar los plazos de aprobación regulatoria para que estos compuestos, que ya se encuentran en ensayos clínicos avanzados, puedan llegar a los pacientes con mayor rapidez. De hecho, la orden amplía el “Derecho a intentar tratamiento” para pacientes con condiciones resistentes, que permite el acceso supervisado a estas sustancias aún ilegales. Se basa en ensayos prometedores que ya se encuentran en fases avanzadas.
Una crisis de salud mental entre los veteranos
Los suicidios entre veteranos de Estados Unidos representan una crisis persistente de salud mental, con tasas significativamente más elevadas que en la población general. Históricamente, se ha reportado un promedio de 22 suicidios diarios entre veteranos, según datos del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) de informes previos al 2023. Desde el año 2001, más de 30.000 veteranos y militares en activo de las guerras posteriores al 11-S han muerto por suicidio, una cifra que cuadruplica las aproximadamente 7.000 muertes en combate registradas hasta el 2021. En 2023, los suicidios entre el personal militar en activo aumentaron hasta los 523 casos, en comparación con los 493 del año anterior, afectando tanto a militares en servicio como a antiguos combatientes. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) y las dificultades para la reintegración a la vida civil son factores clave, a menudo agravados por la exposición a artefactos explosivos improvisados (IED) en conflictos como los de Afganistán e Irak. Tres de cada cuatro suicidios se producen con armas de fuego, y los hombres blancos mayores de 50 años constituyen el grupo con mayor riesgo, incluso sin haber participado directamente en combate.