Donald Trump siempre ha justificado los bombardeos contra las instalaciones nucleares de Irán asegurando que Teherán nunca podía disponer de la capacidad para fabricar una bomba atómica. El presidente estadounidense ha defendido reiteradamente que un Irán con armamento nuclear representaría una amenaza intolerable para Estados Unidos, sus aliados y la estabilidad de Oriente Medio —y, sobre todo, para la supervivencia de Israel—. Por eso, el 28 de febrero ordenó una ofensiva preventiva contra la República Islámica con el objetivo de impedir que alterara el equilibrio de poder regional, a pesar de que Teherán siempre ha sostenido que su programa nuclear tiene exclusivamente fines civiles y ha reivindicado su derecho a enriquecer uranio en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). En este contexto, el anuncio de un acuerdo de cooperación nuclear civil entre Estados Unidos y Arabia Saudita provocó perplejidad. Las primeras informaciones apuntaban que Washington estaba dispuesto a facilitar a Riad un programa nuclear civil sin exigir, como había hecho la administración Biden, que el reino saudita normalizara las relaciones con Israel. Sin embargo, pocas horas después, Trump dio la vuelta a este relato con un mensaje en Truth Social.
The Civil Nuclear Deal (There will be no enrichment of material!) being made between the United States Department of Energy and Saudi Arabia, which pertains only to non-military use such as the ones that Iran and UAE (and others) already have, will be approved, but is totally… pic.twitter.com/ZSS4Vgubhp
— Commentary Donald J. Trump Truth Social Posts On X (@TrumpTruthOnX) July 23, 2026
El presidente aseguró que el acuerdo "será aprobado", pero advirtió que está "totalmente condicionado" a que Arabia Saudita se adhiera a los Acuerdos de Abraham, el proceso de normalización diplomática con Israel impulsado durante su primer mandato. Trump también quiso dejar claro que el programa será exclusivamente de uso civil y "sin enriquecimiento" de uranio, desmarcándose así de las informaciones iniciales que apuntaban que Riad podría obtener esta capacidad. El giro de guion no elimina, sin embargo, el debate de fondo. ¿Por qué Washington está dispuesto a impulsar un programa nuclear en Arabia Saudita mientras considera intolerable que Irán desarrolle una tecnología similar? La respuesta combina geopolítica, intereses económicos, la rivalidad con Teherán y el objetivo de Trump de reforzar la alianza con Riad y ampliar los Acuerdos de Abraham como pieza clave del nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo.
Temor de Israel a una carrera nuclear
Ayer, cuando se anunció el acuerdo entre Washington y Riad, varios medios estadounidenses (como AP y ABC News) informaron que la Administración Trump había desvinculado el pacto nuclear de la adhesión de Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham. Esta era precisamente una de las diferencias respecto a la política de Joe Biden, que sí condicionaba la cooperación nuclear a la normalización de relaciones entre Riad e Israel. De hecho, en Israel, las críticas no tardaron en aparecer. El ex primer ministro Naftali Bennett considera que permitir enriquecer uranio en territorio saudita es "un grave error estratégico" porque puede desencadenar una carrera armamentística en Oriente Medio. El exministro de Defensa Avigdor Lieberman ha ido aún más allá y asegura que un programa civil saudita acabará convirtiéndose inevitablemente en un programa militar. Este temor no es nuevo. El propio príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, ya había advertido años atrás que si Irán llegaba a fabricar una bomba atómica, Arabia Saudita haría exactamente lo mismo. Además, Riad mantiene una estrecha relación con Pakistán, una potencia nuclear que en varias ocasiones ha insinuado que podría apoyar al reino si la situación regional empeorara.
El giro de Trump
Pero esta mañana Trump ha publicado el mensaje en Truth Social en el que asegura que Estados Unidos aprobará el acuerdo de cooperación nuclear civil con Arabia Saudí, pero ha advertido que su entrada en vigor estará condicionada a que Riad se adhiera a los Acuerdos de Abraham, el proceso de normalización de relaciones diplomáticas con Israel impulsado durante su primer mandato. El presidente estadounidense ha insistido en que el pacto solo prevé instalaciones nucleares de uso civil y sin capacidad de enriquecer uranio, y ha remarcado que Washington "no se opone a las instalaciones nucleares civiles (sin enriquecimiento)". Varios medios destacan precisamente que el presidente "añade" esta condición un día después del anuncio oficial.
Instalaciones civiles (no enriquecidas)
Enriquecer uranio no es ilegal ni implica automáticamente fabricar un arma nuclear. De hecho, numerosos países desarrollan programas nucleares civiles para producir electricidad, en programas médicos o en otros sectores como la agricultura. El problema es que la misma tecnología que permite enriquecer uranio para alimentar reactores también puede servir, si se eleva el grado de enriquecimiento y se dan otros pasos técnicos, para fabricar armas nucleares. Es precisamente este el motivo por el cual Estados Unidos y sus aliados han intentado durante décadas impedir que Irán desarrollara esta capacidad. Ahora, sin embargo, parecía que Washington estaba dispuesto a aceptar que Arabia Saudí pueda construir una planta de enriquecimiento propia, pero ahora Trump parece que se ha desdicho, y ha asegurado que Estados Unidos "no se opone a las instalaciones nucleares civiles (no enriquecidas)". El secretario de Energía, Chris Wright, aseguró que el acuerdo incorpora "los estándares más altos de seguridad nuclear y no proliferación" e insistió en que no existe ningún riesgo real de que el programa saudí acabe derivando en armas atómicas. Wright hizo estas declaraciones en un comunicado oficial del Departamento de Energía de Estados Unidos difundido después de la firma del acuerdo nuclear con Arabia Saudí.
Pendiente de la revisión en el Congreso
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos y Arabia Saudí todavía no es definitivo. Aunque los dos gobiernos han cerrado el pacto político, la legislación estadounidense obliga ahora a someterlo a un proceso de revisión en el Congreso antes de que pueda entrar en vigor. Se trata de un acuerdo de cooperación nuclear de la Sección 123 de la Ley de Energía Atómica, el mecanismo legal que regula cualquier transferencia de tecnología, combustible o conocimiento nuclear de Estados Unidos a otro país. Estos acuerdos establecen las condiciones para que la cooperación sea exclusivamente con fines civiles e incorporan garantías para evitar que la tecnología pueda ser desviada hacia un programa de armas nucleares. Una vez firmado, el gobierno estadounidense debe remitir el acuerdo al Congreso, que dispone de un periodo de unos 90 días de sesión para estudiar su contenido. Durante este tiempo, los legisladores pueden analizar si el pacto ofrece suficientes garantías en materia de no proliferación, celebrar audiencias y pedir explicaciones a la administración.
A diferencia de lo que ocurre con otros tratados internacionales, el Congreso no debe aprobar expresamente el acuerdo. Si transcurre el plazo de revisión sin que la Cámara de Representantes y el Senado adopten ninguna medida para bloquearlo, el pacto entra automáticamente en vigor. En cambio, si el Congreso quiere impedir su aplicación, debe aprobar una resolución conjunta de desaprobación. E incluso en este caso, si el presidente ejerce el derecho de veto, se necesitaría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras para dejar sin efecto el acuerdo, un umbral políticamente muy difícil de alcanzar.
Este calendario ayuda a entender el mensaje que Donald Trump ha publicado este jueves en Truth Social. El presidente aseguró que el acuerdo "será aprobado", pero al mismo tiempo introdujo una condición política que hasta entonces no figuraba en las explicaciones oficiales: que Arabia Saudí se adhiera a los Acuerdos de Abraham, es decir, que normalice las relaciones diplomáticas con Israel. Trump también ha remarcado que Estados Unidos solo apoyará un programa nuclear civil sin capacidad de enriquecer uranio, un punto especialmente sensible porque el enriquecimiento es una de las tecnologías que pueden servir tanto para producir combustible para centrales nucleares como, en un grado más elevado, para fabricar armas atómicas. Por lo tanto, aunque el pacto ya ha sido anunciado, todavía tiene que superar tanto el examen político del Congreso como el cumplimiento de las condiciones fijadas por la Casa Blanca, especialmente la vinculación con los Acuerdos de Abraham que Trump ha querido hacer explícita en su último mensaje.