Singapur pone orden en los autobuses: hasta 340 euros de multa por escuchar música sin auriculares

En Singapur, algunas de las conductas más molestas en los autobuses dejan de ser solo una cuestión de civismo. Desde este miércoles, comer o beber dentro del vehículo, poner los pies en los asientos, reproducir música o vídeos a un volumen que moleste a los demás pasajeros o ensuciar el espacio pueden comportar multas de hasta 500 dólares de Singapur, unos 341 euros.

Las nuevas normas, anunciadas el lunes por la Autoridad del Transporte Terrestre de Singapur (LTA), también prevén sanciones mucho más elevadas para las infracciones más graves. Provocar una obstrucción o poner en peligro a otros pasajeros dentro de una terminal de autobuses, así como ensuciar cualquier parte de un autobús, una estación o una terminal, puede comportar una multa de hasta 5.000 dólares de Singapur, aproximadamente 3.400 euros.

Comer y beber, prohibido en el metro

La reforma equipara las normas de los autobuses a las que ya se aplican en la red ferroviaria de Singapur, el Mass Rapid Transit (MRT). En el metro, por ejemplo, hace años que comer y beber está prohibido y puede ser sancionado.

En cambio, en los autobuses estas conductas dependían hasta ahora principalmente de las normas internas de las compañías. Los conductores podían advertir a los pasajeros o pedirles que abandonaran el vehículo, pero no disponían de un marco legal específico para sancionarlos. A partir de ahora, determinados trabajadores autorizados, como los inspectores de billetes y el personal de las terminales, podrán emitir notificaciones oficiales a los pasajeros sospechosos de haber cometido una infracción.

Los conductores, conocidos en Singapur como "capitanes", quedarán al margen de este sistema sancionador. Su prioridad continuará siendo conducir con seguridad, aunque podrán advertir a los pasajeros y pedirles que detengan un comportamiento disruptivo. Si se niegan a cooperar, se les podrá hacer bajar del autobús y, en los casos más graves, se podrá requerir la intervención policial.

Espacio compartido

El objetivo de la reforma, según la autoridad de transporte, es conseguir un entorno "más seguro, considerado y agradable" para todos los usuarios. La LTA defiende que el transporte público es un espacio compartido y que todos los pasajeros tienen una responsabilidad.

Singapur no es, sin embargo, el único lugar donde las autoridades han decidido poner freno a los comportamientos molestos en el transporte público. En la ciudad polaca de Cracovia, los pasajeros pueden recibir multas de hasta 200 zlotys, unos 46 euros, por perturbar la tranquilidad dentro de los vehículos con los teléfonos móviles u otros dispositivos electrónicos.

En el Reino Unido también hay normas contra los comportamientos antisociales en los trenes y las estaciones. La legislación prohíbe, entre otras conductas, utilizar aparatos que produzcan ruido sin autorización cuando este molesta a otros pasajeros. Algunos políticos han reclamado, incluso, sanciones específicas contra las personas que reproducen música o vídeos a un volumen elevado. Con las nuevas normas, Singapur da un paso más: conductas que hasta ahora dependían sobre todo de la buena educación de los pasajeros pasan a tener consecuencias legales. Y algunas, como ensuciar o poner en peligro a los demás, pueden salir muy caras.