Keir Starmer afronta una de las crisis más delicadas desde que llegó al poder. Los principales sindicatos vinculados históricamente al Partido Laborista británico ya dan prácticamente por hecho que el primer ministro no será el candidato de la formación a las próximas elecciones generales. Once grandes uniones afines al Labour —entre ellas Unite, Unison y GMB— preparan una declaración conjunta en la que admiten abiertamente que "en algún momento" el partido deberá activar un proceso para elegir un nuevo líder. La filtración del documento, que recoge el The Guardian, llega después de unos días especialmente convulsos para Starmer, marcados por dimisiones en el gobierno, tensiones internas y una creciente rebelión dentro del grupo parlamentario laborista.

Una autoridad cada vez más frágil

Aunque Starmer intenta resistir y transmitir imagen de control, su autoridad política ha quedado profundamente tocada. Más de 90 diputados laboristas han reclamado su salida desde el fin de semana, mientras cuatro ministros han abandonado el gobierno, tres de ellos próximos al ministro de Sanidad, Wes Streeting, a quien muchos señalan como posible sucesor.

Durante horas, en Westminster se especuló con la posibilidad de que Streeting impulsara directamente un desafío interno contra Starmer. Finalmente, no se materializó, pero la sensación dentro del partido es que la batalla por el liderazgo ya ha comenzado. Incluso ministros fieles al primer ministro admiten en privado que será muy difícil que pueda llegar políticamente fuerte hasta las próximas elecciones si no consigue revertir rápidamente la situación.

Los sindicatos se distancian

El movimiento más simbólico es, probablemente, el distanciamiento de los sindicatos, una de las bases históricas y financieras del Partido Laborista. En el borrador filtrado, las uniones aseguran que el Labour "no puede continuar por el camino actual" y critican que el gobierno no está cumpliendo las expectativas de cambio que llevaron al partido al poder.

Los sindicatos reconocen algunos avances, como el aumento del salario mínimo o partes de la reforma de los derechos laborales, pero consideran insuficientes las medidas impulsadas hasta ahora. El documento evita pedir directamente la dimisión inmediata de Starmer, pero deja claro que esperan un relevo de liderazgo antes de la próxima cita electoral.

División interna y tensión creciente

La reunión privada de los sindicatos celebrada el martes fue especialmente tensa. Según fuentes presentes en el encuentro, hubo una "gran pelea" entre dirigentes sindicales sobre hasta qué punto debían implicarse en la crisis de liderazgo. Algunas uniones, como Unite, presionan abiertamente para que Starmer dé un paso al lado. Su líder, Sharon Graham, ya advirtió después de los malos resultados electorales de la semana pasada que "la escritura está en la pared" para el primer ministro.

Otros sindicatos, en cambio, temen que una guerra interna pueda acabar perjudicando aún más al partido. A pesar de estas diferencias, todas las organizaciones coinciden en una idea central: el Labour necesita un cambio profundo de orientación política y económica para reconectar con la clase trabajadora.

Un nuevo intento de "reset"

Starmer intenta ahora ganar tiempo y recuperar iniciativa política. Este miércoles presentará su segundo discurso del rey, una de las grandes citas políticas del calendario británico, que Downing Street quiere convertir en un nuevo punto de inflexión para relanzar el gobierno.

Pero dentro del partido, muchos diputados ya ven el debate sobre el futuro liderazgo como una cuestión de "cuándo" y no de "si". La gran preocupación entre los laboristas es que el partido vuelva a aparecer ante el electorado inmerso en luchas internas, precisamente después de haber recuperado el poder con la promesa de estabilidad y renovación. Ahora, menos de dos años después de llegar a Downing Street, Starmer lucha no solo por salvar el gobierno, sino también por conservar el control de su propio partido.