El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha defendido este miércoles la necesidad de reforzar la alianza transatlántica y ha advertido de que las tensiones entre Washington y Europa no pueden acabar fracturando una relación que considera esencial ante las amenazas compartidas. "Aunque las pasiones puedan haber tensionado en algunas ocasiones los vínculos de afecto entre los Estados Unidos y Europa, no se debe permitir que los rompan", ha afirmado ante la Acrópolis de Atenas. Rubio ha insistido en que norteamericanos y europeos deben seguir actuando juntos y ha resumido el mensaje con una llamada directa: "Queremos ganar juntos. Debemos ganar juntos".
Rubio ha apelado al legado histórico europeo y ha asegurado que "Europa puede despertarse de su largo letargo y reavivar el fuego que se encendió aquí hace milenios". El discurso apunta sobre todo al ascenso de fuerzas políticas que comparten con la Casa Blanca posiciones en carpetas como la inmigración, la seguridad o la defensa. "Ya hay señales. En todo este continente, estamos sintiendo lo que esperamos que sea el inicio de un cambio generacional", ha afirmado, en una referencia al avance de formaciones como Alternativa para Alemania (AfD), que ha obtenido resultados destacados en varias elecciones regionales. De hecho, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, felicitó a la AfD por su victoria histórica en Sajonia-Anhalt: "Por fin (los alemanes) se han hartado de las normas y regulaciones de inmigración absolutamente nefastas que tanto daño han causado a Alemania".
Rubio también ha puesto a Grecia como ejemplo de esta sintonía con Washington. "La gente de esta nación se ha demostrado una vez más como un amigo indispensable para Europa y para los Estados Unidos en todo, desde la energía hasta la inmigración y la defensa, donde Grecia ha sido un aliado modelo", ha señalado. En materia migratoria, el gobierno de Kyriakos Mitsotakis mantiene una de las políticas más duras de Europa, una línea que ha recibido elogios desde los sectores más conservadores de la administración norteamericana. "Es nuestra esperanza más sincera que toda Europa siga vuestro ejemplo", ha concluido Rubio.
Los ataques de Trump a Europa
Mientras Rubio reclama unidad y confianza entre los socios transatlánticos, Trump no siempre ha avanzado en esta dirección. Poco después de su regreso a la Casa Blanca, las aspiraciones del republicano sobre Groenlandia tensaron fuertemente las relaciones con Europa, especialmente después de que el presidente estadounidense llegara a dejar abierta la posibilidad de utilizar la fuerza militar para conseguir el control de la isla ártica. Ante aquellas declaraciones, numerosos líderes europeos cerraron filas con Dinamarca y defendieron la soberanía danesa sobre el territorio. La crisis se ha reconducido finalmente con un acuerdo que permite a Estados Unidos ampliar su presencia militar en Groenlandia y vetar inversiones procedentes de países de fuera de la OTAN, mientras que, en principio, la soberanía danesa deja de formar parte de la disputa.
Otra de las reclamaciones recurrentes de Trump a los aliados europeos es que aumenten el gasto en defensa. El presidente estadounidense recupera así una crítica histórica dentro de la OTAN: que Estados Unidos asume una parte desproporcionada del esfuerzo militar y que el resto de socios deberían contribuir más para equilibrar la balanza. El tono especialmente combativo con el que Trump ha formulado estas exigencias también ha generado fricciones con varios dirigentes europeos. En este terreno, ha sido especialmente duro con Pedro Sánchez, uno de los líderes más reticentes a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB. Trump ha llegado a referirse a España como un "aliado horrible".
Son muchos los focos de tensión. La guerra arancelaria, las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania en las que Europa ha quedado en segundo plano o la guerra en Irán. En este último caso, varios gobiernos europeos optaron por mantenerse al margen del conflicto y no secundaron las peticiones de Trump para implicarse más directamente. En este sentido, países como España e Italia restringieron el uso de sus bases militares por parte de fuerzas estadounidenses vinculadas a las operaciones contra Irán, una decisión que también provocó la indignación del presidente de Estados Unidos, que criticó al propio Sánchez, a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y al canciller alemán, Friedrich Merz.
