SpaceX ha completado este viernes el duodécimo vuelo de prueba de Starship, el megacohete con el que Elon Musk quiere dar un salto decisivo en la nueva carrera espacial. La nave, desarrollada por la compañía desde la base de Starbase, en el sur de Texas, es una pieza clave en los planes de Estados Unidos para volver a llevar astronautas a la Luna y, más adelante, abrir el camino hacia Marte.
El lanzamiento se ha hecho después de que un primer intento quedara aplazado el día anterior por problemas técnicos. La prueba ha servido para estrenar la nueva versión V3 del sistema Starship, tanto en el propulsor Super Heavy como en la nave superior. El conjunto, de 124 metros de altura, es el cohete más grande y potente construido hasta ahora por SpaceX.
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— Visegrád 24 (@visegrad24) May 22, 2026
Starship V3 acaba de realizar un aterrizaje suave exitoso por primera vez.
Aterrizó en el Océano Índico 1 hora después de despegar de EE. UU. pic.twitter.com/jotYclSvIR
Unos fallos que complican las cosas
Aunque la misión se ha completado sin grandes sobresaltos, el vuelo ha evidenciado que el programa aún tiene retos importantes por superar. Durante el ascenso se apagaron dos motores: uno del propulsor Super Heavy y otro de la nave Starship. La pérdida de este motor no impidió que la parte superior continuara el vuelo suborbital y acabara amerizando de manera controlada en el océano Índico, después de poco más de una hora de trayecto.
El retorno del propulsor, en cambio, no salió como estaba previsto. Los motores Raptor no se encendieron correctamente durante la bajada y el Super Heavy acabó impactando contra el golfo de México, en lugar de hacer un amerizaje suave. En esta ocasión, SpaceX no intentó capturar el propulsor con la torre de lanzamiento, una maniobra considerada imprescindible para hacer realidad la reutilización completa del sistema.
Otro de los objetivos destacados de la prueba era reencender un motor Raptor en el vacío del espacio. Esta maniobra es esencial para que Starship pueda tener una utilidad práctica en futuras misiones, como poner satélites en órbita o iniciar trayectos hacia la Luna o Marte. Finalmente, SpaceX renunció a hacer este reencendido porque la trayectoria de la nave no era exactamente la prevista.
Durante el vuelo, la compañía también simuló el despliegue de satélites, una capacidad que deberá perfeccionar si quiere convertir Starship en un vehículo operativo. A pesar de los avances, el sistema aún no ha demostrado que pueda alcanzar una órbita terrestre baja, el primer paso necesario para cualquier misión espacial de largo alcance.
La NASA sigue de cerca la evolución del programa, ya que necesita una versión avanzada de Starship para el programa Artemis. El objetivo es utilizar este vehículo para llevar astronautas hasta la superficie lunar en una futura misión tripulada. Los retrasos y los problemas técnicos, sin embargo, han añadido incertidumbre al calendario.
El desarrollo de Starship ha estado marcado por pruebas irregulares, explosiones y avances parciales. Con este duodécimo vuelo, SpaceX consigue estrenar la nueva generación de su megacohete y completar una misión importante, pero aún queda lejos de tener a punto el vehículo que debe permitir a Estados Unidos volver a pisar la Luna.