Corea del Sur busca desesperadamente fórmulas para revertir su declive demográfico. Pero una de las últimas propuestas planteadas desde el ámbito institucional ha abierto un intenso debate —y polémico— sobre los límites de las políticas de natalidad y el papel que se otorga a las mujeres. Un informe del Instituto Coreano de Finanzas Públicas sugiere que las niñas empiecen la escuela primaria un año antes que los niños para facilitar que, cuando lleguen a la edad adulta, se sientan más atraídas por los hombres y aumenten las posibilidades de formar parejas y tener hijos.
La iniciativa parte de la hipótesis de que las mujeres maduran física y emocionalmente antes que los hombres y que estos tienden a preferir parejas más jóvenes. Por lo tanto, según el razonamiento de los autores, una diferencia de un año en la edad de escolarización podría favorecer las relaciones sentimentales heterosexuales en el futuro. El estudio también plantea organizar encuentros e impulsar programas para mejorar las habilidades sociales y personales de los jóvenes.
La propuesta, recogida por medios como The Guardian, ha despertado numerosas críticas por la falta de fundamentación científica y por la perspectiva desde la que aborda la crisis demográfica. El informe no aporta datos concluyentes, modelos ni simulaciones que demuestren que adelantar la escolarización de las niñas pueda incrementar los matrimonios o los nacimientos.
Shin Gyeong-a, profesor de sociología de la Universidad de Hallym, ha cuestionado que un documento de estas características haya podido publicarse sin un control riguroso en un país democrático, especialmente porque proviene de un organismo público que participa en la evaluación de políticas demográficas. Otras voces han denunciado que la medida trata a los niños como futuros instrumentos reproductivos.
La polémica llega en un momento especialmente delicado para el país asiático. En 2025, Corea del Sur fue catalogada oficialmente como una sociedad superenvejecida: más del 20% de la población tenía 65 años o más. Actualmente, esta proporción supera el 21%, con cerca de 11 millones de personas. Las proyecciones apuntan que en 2050 más del 40% de los habitantes pertenecerán a esta franja de edad. A esta transformación se suma una tasa de fecundidad de 0,72 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo. El desequilibrio entre población activa y jubilada amenaza la sostenibilidad del sistema de pensiones, el mercado laboral y el crecimiento económico.
Medidas que no abordan el problema de fondo
La propuesta no es un caso aislado. Entre las medidas que se han puesto sobre la mesa también está la exención del servicio militar obligatorio para los hombres que tengan tres hijos antes de los 30 años, así como incentivos fiscales para los progenitores. Otra iniciativa, defendida por varios legisladores, plantea permitir contratar trabajadoras domésticas extranjeras por debajo del salario mínimo para reducir los gastos familiares.
Las organizaciones feministas y laborales, sin embargo, señalan que estas iniciativas no resuelven los obstáculos que dificultan tener hijos. Corea del Sur registra jornadas laborales muy largas, una fuerte desigualdad profesional entre hombres y mujeres e importantes dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Además, cerca de la mitad de los trabajadores no llegan a disfrutar del permiso parental que les corresponde legalmente. Varias activistas reclaman que las políticas públicas se centren en garantizar que la maternidad no perjudique las carreras profesionales de las mujeres y que los hombres asuman una parte mayor de las tareas domésticas y de crianza.
