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"Sabía que el avión se estaba estrellando". Smit Machchhar estaba herido, ensangrentado y tendido en el suelo dentro de la cabina de mando del vuelo FZ1073 de Flydubai cuando entendió que aún le quedaba una última cosa por hacer, quizás antes de morir. Su copiloto lo había atacado y el avión había empezado a perder altura violentamente. La puerta de la cabina estaba muy cerca. Si conseguía abrirla, habría una posibilidad de que alguien entrara y detuviera al agresor. Si no, nadie desde fuera podía llegar hasta él y eso significaba una sentencia de muerte para los 174 pasajeros más ocho tripulantes que viajaban a bordo del Boeing 737 MAX 8. Las 182 vidas dependían de un último esfuerzo cuando ya no le quedaban fuerzas.

Conversación telemática con Narendra Modi

Dos días después del ataque, el capitán indio ha explicado desde una cama de hospital en Abu Dabi cómo vivió aquellos segundos en una videollamada con el primer ministro de la India, Narendra Modi, en la que en algunos momentos no pudo reprimir la emoción al recordar el ataque. "Cuando estaba en el suelo, noté que el avión bajaba. Pensé: este es el último esfuerzo, Smit. Hazlo. La puerta está aquí mismo, sabía que necesitaba el último empujón", ha relatado. A pesar de continuar recibiendo golpes, consiguió llegar al mecanismo y desbloquear la puerta. "Lo conseguí y la gente entró". "Había sufrido tantas heridas que me desplomé", recuerda antes de romper a llorar.

Era una maniobra mucho más complicada de lo que puede parecer. Desde los atentados del 11S, las puertas de las cabinas de los aviones comerciales están reforzadas y diseñadas precisamente para que nadie pueda entrar por la fuerza desde la cabina de pasajeros. Según ha explicado Ajay Singh, presidente de SpiceJet, la antigua compañía de Machchhar, el personal de cabina puede introducir un código desde fuera, pero esto no abre automáticamente la puerta: alguien desde dentro debe liberar el bloqueo. Y, en este Boeing, el mecanismo estaba situado al lado del copiloto, precisamente el hombre que estaba atacando a Machchhar.

Esto obliga a imaginar la escena con una crudeza aún mayor. Herido por varias puñaladas y prácticamente en el suelo, el capitán tuvo que llegar hasta el lado de su agresor y activar la liberación de emergencia de la puerta. Reuters, citando a responsables israelíes, confirma que Machchhar estaba cubierto de sangre cuando consiguió activar el mecanismo. El propio piloto lo resume de una manera mucho más simple. "Llevo 17 años volando y 11 como capitán. Puedo percibir con exactitud lo que ocurre en la aeronave incluso con los ojos cerrados. Podía sentir que el avión se precipitaba al vacío". Y, a pesar de que en aquel momento luchaba por su propia vida, asegura que tenía otra idea en la cabeza: "Sabía que era mi última oportunidad para hacer algo. Sabía que no podía permitir que los demás murieran".

"Sé que Dios me salvó"

Durante el ataque, ha explicado también, empezó a recitar el Hanuman Chalisa, una plegaria hindú de 40 estrofas dedicada al dios Hanuman, el dios mono, una figura asociada a la fuerza, el coraje, la lealtad y la protección ante el peligro. Algunos de sus pasajes más conocidos dicen: "Gloria a Hanuman, océano de sabiduría y virtud." "Dame fuerza, inteligencia y conocimiento, y aleja de mí el sufrimiento y los defectos". Smit Machchhar, de 39 años y padre de dos hijos, lo dice emocionado y convencido: "Sé que Dios me salvó".

Una puerta abierta que lo cambió todo

Desbloquear aquella puerta rompió el aislamiento de la cabina. Los pasajeros y la tripulación pudieron entrar y reducir al copiloto, mientras un segundo equipo de pilotos de Flydubai que, por casualidad, viajaba a bordo acabó asumiendo el control del aparato y desviándolo hacia Tabuk, en Arabia Saudita. Uno de los pasajeros, Yaniv Hayun, ya había explicado que, cuando llegaron a la puerta, esta estaba desbloqueada, aunque el cuerpo del capitán herido dificultaba el acceso. Su conclusión fue que Machchhar había conseguido liberar el bloqueo justo antes de desplomarse.

El vídeo que muestra el caos

Ahora, unas nuevas imágenes emitidas por la televisión israelí Channel 12 permiten ver qué pasó inmediatamente después de aquella lucha. La grabación empieza cerca de la cabina, entre gritos en inglés y hebreo. "Ha intentado estrellar el avión", se oye decir a una persona. Otros exigen que saquen al agresor de la cabina mientras la tripulación intenta que los pasajeros vuelvan a los asientos. Después llegan gritos pidiendo un médico. El dentista israelí Shota Musayev corre hacia la parte delantera del aparato para ayudar a los heridos. Al mismo tiempo, alguien pregunta si hay algún otro piloto a bordo. La respuesta es afirmativa. Era una de las casualidades que acabarían siendo decisivas: en el avión viajaba un equipo de relevo de Flydubai que debía hacerse cargo posteriormente del aparato.

 

Las imágenes muestran entonces a Machchhar tendido en el suelo, fuera de la cabina, con la ropa y el cuerpo cubiertos de sangre. El capitán explica a quienes le rodean que el copiloto le ha golpeado "muchas veces" y enseña una de las manos: todavía la puede mover, pero ya no es capaz de cerrarla.

A poca distancia aparece el agresor, también herido y con el uniforme ensangrentado, vigilado por pasajeros y miembros de la tripulación. Más tarde, ya después del aterrizaje en Arabia Saudita, el vídeo lo muestra de rodillas con las manos atadas a la espalda. "Este es un terrorista, ¿lo entendéis? Necesitamos la policía", exclama en inglés un miembro de la tripulación mientras los pasajeros insisten en que nadie lo libere. Según los testimonios, habían inmovilizado inicialmente al copiloto utilizando incluso el cable de unos auriculares.

"Matadme, matadme"

Yaniv Hayun, uno de los hombres que participaron en la reducción del agresor, asegura que, una vez inmovilizado, el copiloto empezó a gritar en inglés: "Matadme, matadme". Hayun interpreta aquellas palabras como la constatación de que su plan había fracasado. Esta interpretación, sin embargo, corresponde al testimonio del pasajero y no a una conclusión oficial de la investigación.

Las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos investigan ahora las motivaciones del copiloto y, en particular, si el incidente estaba relacionado con "alguna actividad o finalidad terrorista" o si había existido una planificación previa. Su motivación, por lo tanto, todavía no está establecida oficialmente. La misma autoridad de aviación civil de los Emiratos ha pedido que no se anticipen conclusiones hasta que termine la investigación.

Benjamin Netanyahu ha afirmado que el copiloto había sido sometido a un "adoctrinamiento islamista radical", pero no ha aportado públicamente pruebas que permitan confirmar esta afirmación. El primer ministro israelí también ha admitido que es "demasiado pronto" para determinar si existía alguna conexión iraní.

En medio de todas estas preguntas todavía abiertas, el relato de Machchhar permite reconstruir al menos el instante que permitió cambiar el desenlace. Herido, en el suelo y consciente de que el avión perdía altura, el capitán vio la puerta de la cabina a pocos metros. Solo tenía que llegar a ella. "Este es el último esfuerzo", se dijo. Y lo hizo.