La guerra a menudo se explica a través de frentes militares, estrategias y combates. Pero, lejos de las líneas de fuego, miles de mujeres sostienen el peso cotidiano de los conflictos armados. En Gaza y en Ucrania, dos guerras muy diferentes comparten una realidad común: mujeres que asumen en solitario la supervivencia de sus familias mientras su mundo se ha puesto patas arriba. Según diversos testimonios recogidos por la agencia EFE, estas historias reflejan el coste humano que los conflictos tienen en la vida cotidiana.

Horas buscando agua, haciendo cola para comer o para medicamentos

Al sur de la Franja de Gaza, en la ciudad de Khan Yunis, decenas de mujeres viven con sus hijos en un campamento improvisado de desplazados. Muchas de ellas son viudas después de más de dos años de ofensiva israelí en el territorio. A la entrada del recinto, una pancarta identifica el lugar como el “Campamento de Huérfanos Al Bureij”, un espacio donde familias que lo han perdido casi todo intentan empezar de nuevo.

Entre ellas está Asmahan Al Awawdeh, madre de cuatro hijos. La guerra la ha obligado a huir varias veces con su familia después de los bombardeos que han arrasado zonas del centro de Gaza. Según explica a la misma agencia de noticias, han pasado por Rafah, Deir al Balah y finalmente Khan Yunis, viviendo en escuelas o en campos abiertos.

Su marido murió el 2 de abril de 2024 cuando un grupo de hombres salió a recoger leña. “Eran doce hombres. Bombardearon la zona y todos murieron”, relata. Desde entonces, Asmahan se ha quedado sola con la responsabilidad de mantener a sus hijos sin ingresos ni apoyo estable.

mujer guerra efe
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Al llegar al campamento, incluso ha tenido que construir ella misma la tienda donde viven. Lo ha hecho con la ayuda de sus hijas. “Mis hijas aguantaban las cuerdas mientras cavábamos la tierra para fijar la tienda”, explica. Un hombre que pasaba por el lugar se sorprendió al ver a una mujer haciendo aquel trabajo.

Su día a día está marcado por largas horas buscando agua, haciendo cola para comer o intentando conseguir medicamentos. En el Día Internacional de la Mujer, Asmahan envía un mensaje claro: “Hablan de los derechos de las mujeres, pero aquí no hay derechos ni apoyo. Somos miles de viudas viviendo este sufrimiento”. También Safa Nabil Mahmud Qanuna, de 27 años, ha visto cómo la guerra transformaba su vida. Estaba embarazada de ocho meses cuando su marido murió. “Me he convertido en madre y padre a la vez”, explica.

Sin transporte disponible, cuando llegó el momento del parto, caminó seis kilómetros hasta el campo de refugiados de Nuseirat para dar a luz. Después regresó caminando a pesar de su estado de salud. Más tarde ha trabajado como limpiadora en una escuela para poder comprar leche y pañales para el bebé.

Ucrania: las mujeres afrontan la guerra desde casa

A miles de kilómetros de distancia, en Ucrania, muchas mujeres también afrontan la guerra desde casa. Mientras los hombres combaten en el frente contra Rusia, ellas asumen el trabajo, el cuidado de los hijos y la gestión de la vida familiar.

Es el caso de Viktoria Grishchuk, de 38 años, que vive en un pueblo cerca de Lviv. Su marido se alistó en el ejército poco después del inicio de la invasión a gran escala de Rusia. Desde entonces, según explica a EFE, su vida ha cambiado completamente. “Aunque no soy soldado, no me siento realmente una civil”, afirma. Viktoria trabaja y a la vez cría a sus dos hijos mientras su marido pasa meses en el frente. También colabora como voluntaria tejiendo redes de camuflaje para ayudar a las tropas ucranianas.

La distancia ha congelado, en parte, su vida familiar. Su marido solo ha podido volver a casa en contadas ocasiones durante estos años. Aun así, cada mañana ella le envía un mensaje por una aplicación de mensajería autorizada por los soldados. Un simple emoji o una confirmación de lectura ya es suficiente para tranquilizarla momentáneamente.

Son realidades muy diferentes, pero con un hilo común: mujeres que sostienen la vida mientras la guerra lo trastoca todo. En Gaza o en Ucrania, lejos de los titulares militares, ellas continúan luchando cada día para proteger a sus hijos, mantener a sus familias y preservar una cierta normalidad en medio del conflicto.