Más de 700 delfines murieron el miércoles en las Islas Feroe en tres cacerías realizadas en un solo día, según ha denunciado la ONG ecologista Sea Shepherd. Las imágenes muestran playas llenas de personas observando cómo los cetáceos son conducidos hasta la costa, sin posibilidad de escapar, en una práctica conocida como grind o grindadráp, documentada desde la época de la expansión vikinga.
La organización asegura que 706 animales fueron sacrificados durante la jornada, una cifra que, según remarca, “supera ya los dos tercios del total de mamíferos marinos sacrificados en las islas durante todo el año pasado”, cuando se contabilizaron cerca de un millar.

Entre los animales capturados había calderones, delfines de flancos blancos atlánticos —las especies más habituales en estas capturas— y algún delfín mular. Sin embargo, todas estas especies figuran como de “preocupación menor” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Las autoridades feroesas defienden que estas capturas forman parte de una actividad regulada y destinada a proveer alimentos a la población local. Según el gobierno del archipiélago, la conducción de los animales hasta la costa, el sacrificio y la posterior distribución de la carne están sometidos a normativas específicas y el producto se reparte entre participantes y comunidad.
Asesinatos con cuchillos
Pero las organizaciones conservacionistas llevan años denunciando esta práctica. Valentina Crast, responsable de la campaña de Sea Shepherd en las Islas Feroe, considera que falta establecer “una cuota efectiva que limite el número de animales que pueden ser sacrificados” y critica que las capturas sean “oportunistas” y sin un sistema de decisión “transparente y objetivo”. Según Crast, las cacerías del miércoles evidencian carencias en el control del proceso: “Los mismos cazadores reconocieron que había escasez de lanzas espinales, cuyo uso es obligatorio para sacrificar a los delfines. Como consecuencia, varios mamíferos marinos fueron abatidos únicamente con cuchillos”.
Bruno Díaz López, biólogo y director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), rechaza la continuidad de esta práctica. “Hablamos de delfines, que son mamíferos superiores altamente sociales, con enormes similitudes con especies como la nuestra”, afirma. A pesar de reconocer que otros animales también son sacrificados para el consumo humano, considera que “esto que ocurre en las Islas Feroe no tiene ninguna justificación en la sociedad actual, tampoco desde el punto de vista biológico ni científico”.
Las Islas Feroe, a pesar de formar parte de Dinamarca, son un territorio autónomo fuera de la Unión Europea y no están obligadas a aplicar la normativa europea ni los acuerdos internacionales de protección de los cetáceos. Para Sea Shepherd, esto no debería impedir una respuesta más contundente por parte de Europa. El debate sobre la necesidad real de estas capturas también continúa abierto. Crast cuestiona que sean imprescindibles para alimentar a la población y apunta que la demanda de carne de ballena y delfín es aproximadamente de un kilo por persona y año. Con una población de unos 55.000 habitantes no sería necesario sacrificar cientos de cetáceos anualmente.