Las elecciones en Israel han dejado un escenario político marcado por la incertidumbre. La coalición de extrema derecha encabezada por Benjamin Netanyahu ha perdido la mayoría necesaria para seguir gobernando, mientras que la oposición dispone de suficientes escaños para plantear una alternativa. Sin embargo, las reticencias de varios partidos opositores a formar un gobierno con las formaciones políticas palestinas amenazan con frustrar este cambio.
Antes de que se conocieran los resultados definitivos, una de las principales cuestiones del debate político israelí era si los partidos de la oposición estarían dispuestos a superar sus diferencias y establecer una alianza con las fuerzas que representan a la minoría palestina de Israel, que constituye aproximadamente el 20% de la población del país.
La negativa de buena parte de la oposición judía a gobernar con estos partidos podría facilitar la continuidad de Netanyahu. Aunque su coalición haya perdido el apoyo mayoritario, el primer ministro podría mantenerse temporalmente al frente de un gobierno en funciones o favorecer un nuevo ciclo electoral si no se concreta una alternativa parlamentaria.
Una oposición dividida
La posibilidad de un gobierno de unidad se ha convertido en uno de los principales temas de debate en los medios israelíes. Mientras algunos analistas plantean la necesidad de un acuerdo entre diferentes fuerzas políticas, otros ven difícil superar las líneas rojas que los partidos han establecido durante la campaña.
Yair Golan, líder de los Demócratas, una formación de centroizquierda, ha defendido la necesidad de construir una mayoría alternativa con la participación de los ciudadanos árabes de Israel. Golan considera que los resultados electorales ofrecen una oportunidad para poner fin al gobierno de Netanyahu y ha criticado la división entre el voto judío y el árabe.
Por su parte, Gadi Eisenkot, dirigente de la principal formación opositora, no ha descartado directamente la posibilidad de gobernar con partidos palestinos. Sin embargo, las condiciones que ha planteado dificultan que estas formaciones puedan integrarse en una coalición.
La decisión también está condicionada por las contradicciones internas de la oposición. Mientras algunos sectores priorizan apartar a Netanyahu del poder, otros mantienen el compromiso de no gobernar con partidos palestinos.
Los partidos palestinos reclaman participar en el cambio
Las formaciones palestinas han expresado más claramente su disposición a negociar una alternativa. Yousef Jabareen, dirigente de la Lista Conjunta, ha defendido una alianza entre judíos y árabes como vía para poner fin al gobierno actual. Además, una encuesta hecha cuando se cerraron los colegios electorales indicaba que una mayoría clara de los votantes de la oposición apoyaba formar un gobierno con Ra’am, el partido árabe liderado por Mansour Abbas, para desbancar a Netanyahu. Así lo señaló Eran Halperin, investigador en psicología política.
Paralelamente, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, ha pedido la detención de dirigentes de partidos árabes, alegando una posible vinculación con financiación catarí. No obstante, no ha aportado pruebas que sostengan estas acusaciones.
Las afirmaciones sobre una supuesta manipulación electoral también han sido cuestionadas. Según los medios israelíes, fuentes policiales han asegurado que no hay pruebas que avalen las acusaciones de fraude formuladas por el Likud, el partido de Netanyahu. La Comisión Electoral Central también ha afirmado que no hay fundamentos para hablar de fraude electoral.
Con el recuento todavía en curso, las formaciones que representan a los ciudadanos palestinos de Israel tenían una proyección de 19 escaños, impulsada por una participación elevada del electorado árabe. El futuro político del país dependerá, por tanto, de la capacidad de la oposición para transformar su mayoría parlamentaria en un acuerdo de gobierno. Si no supera las divisiones internas, Netanyahu podría continuar en el poder a pesar de la derrota electoral de su coalición.
