Pocas semanas después de que miles de iraníes murieran en una brutal represión contra las protestas sociales, la vida en Teherán parece haber recuperado una cierta normalidad. Las calles vuelven a llenarse, las tiendas abren y el tráfico colapsa la capital. Pero bajo esta apariencia de rutina, muchos habitantes admiten vivir atrapados entre dos miedos: la retórica belicista del régimen iraní y las crecientes amenazas de los Estados Unidos.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha advertido de que una “armada” se está dirigiendo hacia Irán. “Tenemos muchos barcos que van en esta dirección, por si acaso. Preferiría que no pasara nada, pero los estamos observando muy de cerca”, dijo recientemente. El primero de estos barcos, el portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado de varios destructores con misiles guiados, ya ha llegado a una distancia que permitiría un ataque rápido.

Teherán ha respondido con una demostración visual de fuerza. En la plaza Enghelab –la Revolución–, una pancarta de cuatro pisos de altura amenaza directamente a Estados Unidos con la destrucción de un portaaviones estadounidense. “Si siembras viento, recogerás tempestades”, se puede leer, en persa y en inglés, sobre una imagen con cuerpos ensangrentados en el puente del barco. A pocas calles, otro cartel recuerda la captura de un barco de la Marina norteamericana en 2016, con marines arrodillados y rendidos.

Trump, con las opciones sobre la mesa

Todo esto contrasta con el sentimiento de incertidumbre en la calle. “No sé qué decir. Creo que todos juegan contra los intereses del pueblo iraní. Nada bueno saldrá de esto”, explica Mahsan, una joven de Teherán. Otros minimizan la amenaza estadounidense. “No creo que Trump se atreva a atacar. Es más bien una fanfarronada”, dice Mehdi Akbari.

Desde Washington, Trump ha insistido en que mantiene todas las opciones sobre la mesa, incluida una acción militar, pero también ha dejado la puerta abierta a negociaciones. “Estamos abiertos a hablar, si saben cuáles son los términos”, afirmó el lunes un alto cargo de la Casa Blanca.

Irán no se arruga

Irán, sin embargo, también endurece el discurso. El comandante de la Guardia Revolucionaria ha asegurado que sus fuerzas están “más preparadas que nunca, con el dedo en el gatillo”. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha advertido que cualquier ataque estadounidense recibiría una respuesta “lamentable” y que la llegada de buques de guerra no altera la determinación defensiva del país

Mientras tanto, la población arrastra el duelo por la represión reciente y un deterioro económico acelerado. El rial ha caído a mínimos históricos, llegando a 1.500.000 riales por dólar, mientras el fin progresivo del bloqueo de internet permite empezar a dimensionar el alcance real de las víctimas. "Ahora que la conexión vuelve, es cuando nos damos cuenta de cuánta gente murió", explica Arsham, un joven y recoge la CNN. Una herida abierta que hace aún más frágil esta aparente vuelta a la normalidad