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La desesperación se ha apoderado de las zonas devastadas por el doble terremoto que ha sacudido Venezuela. En La Guaira, la zona más castigada, y en otros municipios afectados como la capital, Caracas, miles de personas continúan en la calle ante la imposibilidad de volver a casa o con la esperanza de encontrar familiares atrapados bajo los escombros. El balance oficial es, de momento, de 188 muertos, pero las autoridades valoran que la cifra podría acabar siendo de miles de víctimas. Mientras la ayuda internacional todavía está en camino, la presencia de los equipos de rescate es insuficiente para hacer frente a la magnitud de la tragedia. Entre edificios parcialmente derrumbados, otros reducidos a escombros y algunos todavía rodeados por el humo o consumidos por las llamas, madres, padres, hijos y abuelos lloran a sus seres queridos desaparecidos, mientras muchos otros afectados continúan paralizados por el choque sin saber qué hacer ni dónde refugiarse.

En el barrio de Paraíso, en Caracas, las consecuencias del doble terremoto son especialmente visibles. Un edificio residencial de seis plantas se derrumbó completamente y, horas después del seísmo, los equipos de emergencia continúan retirando los escombros en busca de supervivientes. La comerciante Ana Echeverría, de 45 años, vivió el momento del terremoto en primera persona, cuando su negocio se derrumbó. "No se puede explicar lo que pasó. Es una cuestión de segundos, se te paraliza todo", ha relatado a EFE. La mujer ha explicado que consiguió evacuar a todos los trabajadores gracias a una alerta de seísmo que recibió en el teléfono móvil. "Conseguimos salir, gracias a Dios no hubo personas heridas", ha afirmado.

Otros testimonios recogidos por el diario La Nación reflejan el pánico que se vivió durante los segundos que duraron los terremotos. Odalis Escalona, una empleada bancaria de 54 años, ha descrito los graves desperfectos que presenció en el interior del edificio donde se encontraba. "Se desprendieron las escaleras, se derrumbó toda la pared. Cayeron cosas del techo. Fue horrible", ha explicado. También Carmen Guédez, de 69 años, recuerda con angustia cómo el seísmo la sorprendió mientras cuidaba a su hermana enferma. "Fue subiendo de intensidad. Empecé a ver cómo las ventanas se empezaron a mover y luego se sacudió todo", ha relatado. Incapaz de evacuar, decidió quedarse dentro de casa. "Mi hermana, una vecina y yo nos quedamos rezando, abrazadas allí. No podíamos salir", ha explicado.

El momento exacto de los terremotos también ha quedado registrado en numerosos vídeos difundidos en las redes sociales. Uno de los más compartidos muestra cómo una celebración de cumpleaños queda interrumpida repentinamente cuando el suelo empieza a temblar cuando un niño estaba a punto de soplar las velas del pastel. Lo que tenía que ser una fiesta familiar se transformó en cuestión de segundos en una escena de miedo: varios niños estallan a llorar, asustados por la violencia del seísmo, mientras los adultos intentan tranquilizarlos y ponerlos a resguardo. En este caso, sin embargo, todos los presentes resultaron ilesos.

Para miles de familias, sin embargo, la angustia todavía no ha terminado. Las autoridades continúan sin localizar a un gran número de personas y un portal creado para rastrear desaparecidos, difundido en la red social X por dirigentes de la oposición venezolana, muchos de los cuales viven en el exilio, ya ha registrado más de 34.000 nombres. Ante la falta de comunicaciones y del colapso de los servicios, las redes sociales se han convertido en una herramienta improvisada para intentar reconectar familias separadas por la tragedia.

Los mensajes de desesperación se han multiplicado tanto dentro como fuera de Venezuela. "Necesito saber cómo está mi familia", ha explicado Niurka Meléndez, cofundadora de una organización de ayuda a venezolanos e inmigrantes en Nueva York, que asegura que no ha podido contactar con más de una veintena de familiares residentes en Caracas a causa de la caída de las comunicaciones. En las redes se acumulan publicaciones con fotografías, nombres, edades y números de contacto acompañadas de mensajes como "¡Desaparecidos, los estamos buscando!", "No sabemos nada de ellos", "Necesito información de ellos" o "Ayúdanos a encontrarlas", en un intento desesperado por obtener cualquier noticia sobre sus seres queridos.