La crisis migratoria de Ceuta ha saltado de las fronteras españolas al centro del debate político europeo. La líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, ha anunciado que, si su partido llegara al gobierno, Alemania abandonaría el espacio Schengen para impedir que migrantes llegados a otros puntos de la Unión Europea pudieran entrar en el país.
"Nos retiraremos de Schengen para que gente como la de Ceuta no pueda venir aquí", ha afirmado Weidel en una entrevista en la televisión pública alemana ZDF. La dirigente ultraderechista ha defendido que el acuerdo de libre circulación "debe terminar" y ha acusado al gobierno del canciller Friedrich Merz de mantener unas fronteras demasiado abiertas.
El programa migratorio de Weidel
La propuesta va acompañada de un programa migratorio especialmente restrictivo. Weidel ha asegurado que, si gobierna, los aproximadamente 1,3 millones de sirios que viven en Alemania serán devueltos a su país. También ha reclamado limitar el acceso a la ciudadanía alemana y ha acusado a los dirigentes actuales de permitir la entrada de personas que, según ella, deberían abandonar el país.
Las declaraciones de la líder de la AfD llegan en un momento en que Schengen afronta una de las etapas de más tensión desde su creación. Varios estados han reintroducido controles temporales en las fronteras internas, a menudo con el argumento de frenar la inmigración irregular o reforzar la seguridad.
La crisis de Ceuta ha acelerado esta tendencia. Italia decidió a finales de julio recuperar controles selectivos para los viajeros procedentes de España después de la entrada masiva de migrantes en el enclave norteafricano. España anunció posteriormente medidas similares para los viajeros procedentes de Italia. Los controles son temporales y afectan principalmente a determinadas categorías de viajeros, no a la libre circulación de los ciudadanos de la Unión Europea.
La Comisión Europea mantiene actualmente un registro de varios países del espacio Schengen que han reintroducido controles internos temporales. Entre estos se encuentran Alemania, Francia, Austria, Dinamarca, los Países Bajos, Polonia, Suecia e Italia. La normativa europea permite estas medidas de manera excepcional cuando los gobiernos consideran que existe una amenaza grave para la seguridad o el orden público.
La integración europea en cuestión
Lo que propone la AfD es ir mucho más allá de los controles temporales. El partido quiere que Alemania abandone directamente Schengen, una medida que eliminaría el principio de libre circulación sin controles fronterizos sistemáticos con el resto de países participantes.
La cuestión migratoria no es el único elemento del programa de Weidel que cuestiona la integración europea. En la misma entrevista, la líder de la AfD ha reiterado que quiere que Alemania abandone el euro si el partido consigue gobernar después de las elecciones federales previstas para 2029. Weidel considera que la moneda única es "inestable" y ha defendido que Alemania estaba mejor antes de su introducción.
La AfD afronta, mientras tanto, un momento de ascenso político. El partido se prepara para las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt del 6 de septiembre, donde las encuestas lo sitúan como primera fuerza. Según una encuesta citada por Reuters, la AfD obtendría un 41% de los votos, frente al 24% de la CDU.
Inmigración y control de fronteras: punto clave en Europa
El debate alemán refleja una tendencia más amplia en Europa: la inmigración y el control de las fronteras han dejado de ser solo una bandera de la extrema derecha y ocupan cada vez más espacio en la agenda de los gobiernos. La crisis de Ceuta ha puesto esta tensión nuevamente en primer plano y ha convertido Schengen en uno de los símbolos más visibles de la disputa sobre el futuro de la política migratoria europea.
La diferencia es que, mientras algunos gobiernos recurren temporalmente a los controles previstos por la normativa comunitaria, la AfD plantea desmantelar su principio de manera permanente. La propuesta de Weidel abre así un debate que va más allá de la inmigración: hasta qué punto los estados europeos están dispuestos a renunciar a uno de los pilares más visibles de la integración comunitaria.