Guerra de estrenos. Después de que Irán haya puesto en escena sus Shahed 136, drones baratos y de un solo uso, ahora es el turno de Estados Unidos. Washington ha utilizado por primera vez en combate su nuevo dron suicida LUCAS contra objetivos en Irán, apenas ocho meses después de presentarlo oficialmente en el Pentágono. El despliegue rápido de este nuevo sistema marca un cambio en los plazos habituales de adquisición militar estadounidense, que a menudo se alargan durante años. El LUCAS —acrónimo de Low-Cost Uncrewed Combat Attack System— está fabricado por la empresa SpektreWorks, con sede en Arizona, y se exhibió por primera vez en julio de 2025 durante una muestra en el patio interior del Pentágono encabezada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Más de una decena de compañías competían allí para proveer al ejército con nuevo equipamiento.
El Mando Central de los Estados Unidos ha confirmado que los LUCAS “están modelados según el Shahed”, el dron iraní que Rusia ha utilizado de manera intensiva en la guerra de Ucrania. Estos aparatos se han convertido en una pieza clave del conflicto moderno por su eficacia y, sobre todo, por su bajo coste.
Residentes en Irak habrían recuperado un dron LUCAS estrellado, casi intacto, un UAV de ataque unidireccional estadounidense desarrollado como una versión de ingeniería inversa del dron Shahed-136 de Irán.
— Visegrád 24 (@visegrad24) March 2, 2026
El Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo (LUCAS) fue utilizado por el ejército de EE. UU. por primera vez en… pic.twitter.com/84RaoYBGxZ
Baratos y de un solo uso
Según documentación de la empresa, el LUCAS utiliza una arquitectura abierta que permite integrar diferentes cargas útiles y sistemas de comunicación. Puede actuar como dron de ataque o como objetivo de entrenamiento, y se puede lanzar desde tierra o desde un camión. Su precio ronda los 35.000 dólares por unidad, muy por debajo del MQ-9 Reaper, que cuesta entre 20 y 40 millones de dólares, aunque este es reutilizable y tecnológicamente mucho más sofisticado. El gobierno de los Estados Unidos es propietario de la propiedad intelectual del diseño, hecho que permitiría que varios fabricantes lo produjeran, aunque actualmente los contratos de fabricación los tiene SpektreWorks.
Conexión por satélite
Para poder operar a larga distancia, el LUCAS se comunica a través de satélites. Durante la fase de desarrollo en el Pentágono, se probó con diferentes sistemas, como el MUSIC de Viasat y las redes Starlink o Starshield de SpaceX, según dos fuentes conocedoras del programa. Esto permite que el dron pueda enviar y recibir datos incluso cuando vuela lejos del punto de lanzamiento. Ahora bien, no se ha hecho público cuál de estos sistemas está funcionando en las operaciones actuales en Irán.
El control del dron no depende solo de la conexión. El software que gestiona su funcionamiento lo aporta una empresa emergente llamada Noda. Esta compañía ha desarrollado lo que denomina un “orquestador”: un sistema que permite a los militares controlar varios drones autónomos a la vez, coordinándolos como si fueran un solo conjunto.
Un diseño con antecedentes
El LUCAS no nace de la nada. Varios expertos han señalado que su diseño recuerda mucho al del dron iraní Shahed, que Teherán suministró a Rusia para ser utilizado de manera masiva en la guerra de Ucrania y que ahora es el mismo Irán quien los está usando en sus objetivos de Oriente Medio. Según estos expertos en drones, el Shahed estaría inspirado en el Harpy israelí, una munición merodeadora desarrollada hace décadas que marcó escuela y que ha sido replicada o adaptada por varios países, entre ellos China y Taiwán.
El LUCAS también presenta similitudes con el DAR (Drone Anti-Radar), otra munición merodeadora desarrollada conjuntamente en los años setenta y ochenta. En todos los casos, la idea es similar: aparatos relativamente sencillos, capaces de volar hasta encontrar un objetivo e impactar directamente en él.
Un cambio de ritmo en el Pentágono
El hecho de que el LUCAS haya pasado de la presentación oficial al campo de batalla en solo ocho meses no es habitual. En el Pentágono, los nuevos sistemas de armas suelen tardar años en desarrollarse, probarse y entrar en servicio. En este caso, el proceso se ha acortado de manera evidente. Según responsables del Departamento de Defensa, esta aceleración es consecuencia directa de lo que han aprendido observando la guerra de Ucrania. Allí, tanto Rusia como Ucrania han utilizado miles de drones baratos y no tripulados, demostrando que la cantidad y el coste reducido pueden ser tan decisivos como la tecnología más sofisticada.