El estrecho que Irán retiene como rehén: el pulso con Trump entra en un callejón sin salida

El estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal campo de batalla de la nueva confrontación entre Estados Unidos e Irán. Mientras Donald Trump busca una fórmula para reabrir una de las rutas marítimas más importantes del planeta y frenar las ambiciones nucleares iraníes, Teherán parece jugar una partida diferente. Para Washington, la negociación gira en torno a la presión económica y militar. Para el régimen iraní, la clave es otra: retener un activo estratégico hasta obtener concesiones.

Esta diferencia de enfoque ayuda a explicar por qué las conversaciones continúan estancadas. El estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo y es una infraestructura esencial para el funcionamiento de la economía global. Irán ha logrado convertir esta arteria energética en una poderosa herramienta de presión gracias a las amenazas militares, el uso de misiles y drones y el control efectivo de los accesos a la zona.

Desde la perspectiva iraní, esta ventaja equivale a poseer un bien que el resto del mundo necesita. Por ello, dirigentes cercanos al núcleo duro del régimen han vinculado abiertamente cualquier avance al desbloqueo de fondos iraníes congelados en el extranjero. Entre las demandas hay 24.000 millones de dólares bloqueados, una cifra que incluye los 6.000 millones transferidos en 2023 de Corea del Sur a Qatar en el marco de un acuerdo para liberar ciudadanos estadounidenses encarcelados en Irán.

Aquel pacto quedó prácticamente congelado después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel. Desde entonces, Washington ha mantenido restricciones sobre estos recursos y ha incrementado la presión sobre Teherán. La administración Trump ha intentado revertir la ventaja negociadora iraní limitando las exportaciones de petróleo y dificultando la actividad de los puertos del país, una estrategia destinada a agravar los problemas económicos de una economía ya muy castigada por las sanciones internacionales.

La importancia de las palabras en una negociación

Sin embargo, los sectores más radicales del régimen consideran que pueden resistir más tiempo del que Estados Unidos puede soportar el impacto global del bloqueo de Ormuz. Esta percepción se ha reforzado después de que Trump haya insistido reiteradamente en que un acuerdo está cerca, un mensaje que en Teherán algunos interpretan como una señal de urgencia por parte de Washington.

El riesgo es que el estancamiento derive en una nueva escalada militar. Estados Unidos mantiene sobre la mesa la opción de garantizar militarmente la navegación en el estrecho, mientras que Irán amenaza con extender el conflicto a otros puntos estratégicos del comercio marítimo mundial, como el mar Rojo o el estrecho de Bab al-Mandab.

A corto plazo, ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder. Washington confía en que la presión económica acabe doblegando a Irán. Teherán, en cambio, apuesta por conservar su principal instrumento de fuerza y esperar. Es esta lógica la que mantiene las negociaciones bloqueadas y aleja, al menos de momento, cualquier salida rápida a la crisis.