La nueva "Casa Blanca voladora": Trump despide un símbolo de EE. U y estrena el lujoso Air Force One de Catar

El Air Force One que ha transportado a los presidentes estadounidenses durante 35 años ya es historia. Donald Trump despidió este jueves el avión presidencial que ha servido a siete inquilinos de la Casa Blanca y el viernes subió a bordo de una aeronave muy diferente: un Boeing 747 regalado por la familia real de Catar que ha desatado una intensa polémica en Estados Unidos. El presidente escenificó personalmente el cambio de era. Trump se desplazó este viernes a la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington, para despedir el histórico Air Force One y presentar en sociedad su nuevo avión presidencial. El acto tenía mucho simbolismo: por un lado, la jubilación de un aparato que ha servido a la Casa Blanca y ha transportado a seis presidentes a lo largo de su vida; por otro, el estreno de un Boeing 747 regalado por Catar y valorado en unos 400 millones de dólares. El avión ha sido remodelado en Texas y presenta una estética muy diferente. Trump ha abandonado la clásica combinación de azul cielo y blanco instaurada durante la presidencia de John F. Kennedy y ha apostado por una decoración con los colores rojo, blanco y azul, mucho más próxima a su estética política y también, oficialmente, más próxima a la bandera estadounidense.

El regalo que incomoda a Washington

Pero lo que ha generado más controversia no son los colores, sino el origen del aparato. El sustituto temporal llega desde Catar. El Pentágono aceptó el regalo de uno de los principales aliados de Washington en Oriente Próximo, a pesar de las críticas sobre los posibles conflictos de intereses y las preguntas sobre la seguridad de una aeronave procedente de un gobierno extranjero. Los demócratas han llegado a calificar la operación de "soborno", mientras que Trump la defiende como una decisión pragmática. Trump lo considera una solución temporal a un problema que la Casa Blanca arrastra desde hace años: los continuos retrasos de Boeing en la fabricación de los dos nuevos Air Force One encargados durante su primer mandato. Hasta que estos aparatos no estén listos, el presidente estadounidense viajará a bordo del polémico avión catarí.

Trump ha defendido repetidamente que la incorporación provisional del avión catarí supondrá un ahorro para los contribuyentes estadounidenses. Según argumenta la Casa Blanca, esta solución permite evitar los sobrecostes y los retrasos acumulados en el programa de los nuevos Air Force One encargados a Boeing. El Pentágono calcula que la adaptación del Boeing 747 procedente de Catar ha costado unos 400 millones de dólares, una cifra muy inferior a los 5.600 millones que se estima que costará la construcción y modernización de los dos nuevos aviones presidenciales que prepara el fabricante estadounidense. De hecho, el detalle más llamativo es que Trump no solo utilizará el avión durante la presidencia, sino que ya ha avanzado que lo conservará después del mandato, un elemento que explica buena parte de las críticas de los demócratas y convierte la historia en mucho más que un simple cambio de aeronave.  

"El avión más lujoso del mundo"

La despedida del viejo Air Force One tuvo un punto de nostalgia. El Boeing 747-200B hizo su último vuelo oficial transportando a Trump de vuelta a Washington después de participar en la cumbre del G7 celebrada en Francia. Como un niño con juguete nuevo, Trump presentó el nuevo Boeing 747 en la Base Conjunta Andrews y presumió de sus prestaciones. "Nunca habrá otro igual. Es considerado el avión más lujoso del mundo", afirmó, orgulloso, durante el acto de despedida del histórico Air Force One. 

Poco después, el director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, le dedicaba un mensaje casi solemne en las redes sociales: "Bien hecho, buen y fiel sirviente. El último viaje". No era una frase cualquiera. El aparato había entrado en servicio en el año 1990, durante la presidencia de George H. W. Bush, y desde entonces había sido testigo privilegiado de algunos de los momentos más importantes de la política mundial. Por sus escaleras han pasado George Bush padre, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, Joe Biden y el mismo Trump en su segundo mandato.

Trump, que esta misma semana ha cumplido 80 años, no escondió el entusiasmo ante el nuevo aparato. "Quiero agradecer al emir de Qatar", afirmó durante la presentación. La Fuerza Aérea lo ha bautizado oficialmente como VC-25B Bridge Aircraft, porque actuará como avión puente mientras Boeing termina los nuevos Air Force One definitivos. Durante su primer mandato, Trump encargó dos nuevos Air Force One destinados a sustituir la flota actual. Sin embargo, los sobrecostes y los retrasos del fabricante han convertido el proyecto en un auténtico quebradero de cabeza. Las nuevas aeronaves podrían no estar listas hasta el final del mandato presidencial o incluso después de 2029

Una Casa Blanca con alas

El aparato retirado es un Boeing 747-200B que, como todos los aviones presidenciales estadounidenses, adopta el nombre de Air Force One, que es el distintivo radiofónico que recibe cualquier aeronave de la Fuerza Aérea de EE. UU. cuando transporta al presidente. El Air Force One es mucho más que un avión. Es una oficina voladora preparada para gobernar Estados Unidos desde el aire. Dispone de sistemas de comunicación seguros, salas de reuniones, espacios de trabajo y equipamiento médico capaz de responder a emergencias. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, por ejemplo, George W. Bush pasó horas a bordo mientras los servicios de seguridad evaluaban el alcance del ataque. Aquel día quedó claro que el Air Force One era también un centro de mando estratégico. Por eso su relevo no es una cuestión menor. Según la Casa Blanca, el nuevo aparato está equipado con los últimos avances tecnológicos y unas prestaciones muy superiores a las del modelo retirado. De hecho, fuentes de la administración aseguran que "prácticamente duplica el tamaño" de la anterior aeronave presidencial. 

Lujo sin complejos

Ante las críticas por la aceptación de un avión regalado por Qatar, la Fuerza Aérea estadounidense ha salido al paso de las sospechas de que al ser un regalo de un país extranjero, podía comprometer la seguridad, asegurando que la aeronave cumple todos los estándares exigidos para el transporte del presidente de Estados Unidos. "Es segura, fiable y está equipada con las tecnologías más avanzadas necesarias para la misión presidencial", sostiene el organismo. Los responsables del programa subrayan que durante la remodelación no se ha sacrificado ningún aspecto relacionado con la seguridad o las comunicaciones. El interior, sin embargo, conserva buena parte de la configuración de lujo concebida originalmente para la familia real catarí (salones privados, suites, mobiliario de lujo y acabados exclusivos), con un predominio del dorado, el color preferido del republicano, una circunstancia que ha alimentado aún más el debate político en torno a este controvertido regalo. Si el antiguo Air Force One simbolizaba la continuidad institucional de la presidencia estadounidense, el nuevo Boeing catarí refleja otra filosofía: la del lujo sin complejos, la grandilocuencia y la voluntad de convertir cada aparición presidencial en un espectáculo. Una especie de Trump volador.

El nuevo Air Force One provisional y el viejo Air Force One pertenecen a la misma familia de aviones —ambos son Boeing 747—, pero presentan diferencias importantes tanto de edad como de configuración. El aparato que Trump acaba de jubilar es un Boeing VC-25A, una versión militarizada del Boeing 747-200B que entró en servicio en 1990. El sustituto temporal es un Boeing 747-8, la versión más moderna y grande del mítico Jumbo. Originalmente, fue fabricado para la familia real de Qatar como avión VIP. Es más largo (76 metros frente a los 70,6 del modelo antiguo), tiene más autonomía, consume menos combustible, dispone de motores mucho más eficientes y silenciosos e incorpora sistemas electrónicos mucho más modernos. El Jumbo catarí parece hecho a medida de Trump. Con sus dimensiones gigantescas, sus interiores lujosos y su nueva decoración con los colores de la bandera de Estados Unidos, el aparato transmite exactamente la idea de presidencia que defiende el republicano: poder, prestigio y una demostración de fuerza visible desde cualquier aeropuerto del mundo.