Letonia celebra este sábado elecciones parlamentarias en un momento en que Rusia y Bielorrusia ocupan una parte importante del debate político, pero no son los únicos problemas que preocupan a los votantes. La seguridad, la inmigración y las injerencias extranjeras conviven con cuestiones mucho más domésticas, como la vivienda, los salarios, el coste de vida o la crisis de la compañía aérea nacional airBaltic. Y, en este contexto, la derecha nacionalista intenta ganar espacio.
La última encuesta del centro de investigación y opinión pública SKDS, elaborada entre el 4 y el 16 de septiembre y publicada por la radiotelevisión pública letona LSM, sitúa a la cabeza a Apvienotais saraksts (Lista Unida), centrista, con un 14,4% de los encuestados, seguido de Suverēnā vara/Apvienība Jaunlatvieši (Poder Soberano/Alianza de los Jóvenes Letones), nacional-conservador que busca la minoría rusófona, con un 9,4%, y Latvija pirmajā vietā (Letonia Primero), derecha populista, con un 9,2%. Nacionālā apvienība (Alianza Nacional), nacional-conservadora, obtiene un 5,6%, mientras que la nueva Austošā saule Latvijai (Sol Naciente para Letonia), derecha radical, se queda en el 1,3%.
¿Qué papel tiene la extrema derecha en Letonia?
Es precisamente Sol Naciente la formación que más se acerca, salvando las distancias, al espacio que en Europa occidental ocupan partidos como Vox o la AfD. Nacida en 2025 bajo el liderazgo de Raivis Zeltīts, antiguo dirigente de Alianza Nacional, defiende restringir la inmigración de terceros países, rechazar las cuotas europeas de refugiados y reforzar el control de la frontera. Pero hay una diferencia importante respecto a algunos partidos de la derecha radical europea: su programa es inequívocamente contrario a Rusia y Bielorrusia y favorable a la OTAN y a Ucrania. Con el 1,3% de la última encuesta, sin embargo, está lejos del 5% necesario para entrar en el Parlamento. Alianza Nacional tiene más peso y es una fuerza consolidada. Su nacional-conservadurismo pone el acento en la lengua letona, la identidad nacional, una política migratoria restrictiva y la defensa ante Rusia. Las encuestas, sin embargo, tampoco le dan mucho peso.
A pesar de la preocupación creciente de la extrema derecha en otros países miembros de la UE, no parece que sea la principal preocupación para los letones. De hecho, Rusia y Bielorrusia preocupan mucho más, en el ámbito de seguridad. El análisis del Centro de Estudios Orientales (OSW) señala que los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas letonas consideran prioritarias las actividades hostiles de ambos países, incluidas la desinformación, el sabotaje, las violaciones del espacio aéreo y la presión migratoria. Según el OSW, desde principios de año Letonia ha impedido miles de intentos de cruzar irregularmente la frontera con Bielorrusia.
¿Qué temas preocupan?
Pero, según el mismo OSW, los temas socioeconómicos han dominado la campaña electoral. Uno de los más sensibles es la vivienda. Letonia es un país de propietarios: más del 80% de la población vive en una vivienda en propiedad. Pero esto esconde un problema de calidad y disponibilidad. Según datos de la Comisión Europea, el 39,3% de los habitantes vivía en viviendas sobreocupadas en 2024, frente al 16,9% de media en la Unión Europea. Al mismo tiempo, los precios de las viviendas letonas han crecido más de un 120% en una década, según el medio público letón LSM.
La presión es especialmente visible en Riga. El segundo trimestre de 2026, el salario neto medio en Letonia era de 1.401 euros, según la oficina estadística del país, mientras que los alquileres de los pisos de dos habitaciones en la capital pueden situarse en varios cientos de euros mensuales, a los que hay que añadir los suministros. El problema, por lo tanto, no es solo el precio, sino también la falta de un parque suficiente de vivienda asequible y social.
¿Por qué no hay vivienda social en Letonia?
Durante el periodo soviético, la mayor parte de las viviendas eran de propiedad pública y los pisos se distribuían a través de las autoridades. Con la transición al capitalismo, el Estado privatizó masivamente este parque residencial. La OCDE explica que este proceso, junto con la restitución de viviendas que habían sido nacionalizadas, transformó completamente la estructura de propiedad: aproximadamente el 19% de las viviendas eran de propiedad privada a finales de los años ochenta, mientras que la proporción había subido a cerca del 60% en 2011.
Después de la caída de la Unión Soviética, hubo una privatización masiva. Pero el mercado formal de alquiler asequible y el parque de vivienda social no se desarrollaron al mismo ritmo. Según la OCDE, el alquiler formal sigue siendo muy reducido y la vivienda social representa una parte muy pequeña del parque residencial, concretamente, un 2%.
Esto ha creado lo que la OCDE denomina missing middle: hogares que tienen demasiados ingresos para acceder a la vivienda social o a buena parte de las ayudas públicas, pero que a la vez no pueden asumir una hipoteca comercial. Según las estimaciones del organismo, este grupo podría representar cerca del 44% de los hogares letones. La Comisión Europea sigue señalando en 2026 que tanto el mercado de alquiler como la vivienda social están poco desarrollados.
airBaltic, en el punto de mira
Otro de los asuntos que ha entrado con fuerza en campaña es airBaltic. La compañía nacional inició este septiembre en Estados Unidos un proceso de reestructuración financiera para renegociar sus deudas. La aerolínea sigue operando, pero el proceso obliga al país a afrontar el debate sobre el futuro de una empresa considerada estratégica. Según LSM, los problemas de airBaltic y los retrasos de Rail Baltica han estado entre los principales asuntos económicos de la campaña.
Así, las elecciones letonas tienen una doble dimensión: el miedo a Rusia y Bielorrusia marca la política exterior y de seguridad, pero los votantes también deciden sobre cuestiones tan concretas como la vivienda, los salarios o el futuro de su compañía aérea. Es una realidad que comparten con los vecinos Estonia y Lituania, pero que no convierte a los tres países bálticos en un mismo espacio político.