La desesperación se ha apoderado del pueblo venezolano por el doble terremoto que este miércoles devastó el norte del país latinoamericano. El balance provisional ya se eleva a 1.430 muertos, mientras los equipos de rescate intentan liberar a miles de personas que continúan atrapadas bajo los escombros. Pero el desastre va mucho más allá de los edificios derrumbados. El seísmo ha golpeado a una nación con unas infraestructuras muy deterioradas, inmersa en una delicada etapa política de transición después de la caída del régimen de Nicolás Maduro y con una diáspora de millones de venezolanos que viven la angustia desde la distancia. "Estamos destrozados, rotos de dolor. Hemos sufrido mucho", resume Gladys Domínguez, venezolana residente en Barcelona, que sigue con impotencia la evolución de una tragedia que también ha sacudido a la comunidad venezolana repartida por todo el mundo.
Verónica Pareja también vive en Barcelona y explica que todavía espera noticias de parte de su familia. "Tengo una prima desaparecida en La Guaira, también su marido. Vivían en la residencia Bahía, que se derrumbó completamente", relata. Gladys también vive estos días pendiente del teléfono. Un amigo suyo, José, ha perdido a su padre y a su hermano después del derrumbe de otro edificio en La Guaira. "Hacía diez años que no los veía y tenía pensado ir este año a visitarlos", relata emocionada. Su tía, que también vive en esta ciudad costera profundamente golpeada por el doblete sísmico, ha sobrevivido, pero continúa incomunicada. Historias como estas se multiplican mientras el país intenta afrontar una catástrofe que ha dejado al descubierto las enormes carencias de un sistema de emergencias con muy pocos recursos para responder a una crisis de tal magnitud.
Más de un centenar de equipos de maquinaria pesada trabajan para retirar las toneladas de escombros acumuladas, mientras que hay más de 30.000 efectivos, entre militares, policías, rescatistas, personal médico, paramédicos y psicólogos venezolanos, desplegados en las zonas afectadas. A pesar de este despliegue, las dimensiones de la catástrofe superan la capacidad de respuesta del país. "Por supuesto que no estamos preparados para un desastre tan terrible. Muchos han perdido sus casas; una prima mía ya no puede volver a vivir en su edificio", lamenta Gladys. En la misma línea, Verónica denuncia las carencias materiales con las que se intenta salvar a las víctimas: "No tenemos equipos ni maquinaria para ayudar a los atrapados" y, por eso, asegura que "hemos perdido a muchas personas, por la falta de recursos".
"Para retirar los escombros hace falta maquinaria pesada"
Ante la insuficiencia de medios desplegados por el gobierno de Delcy Rodríguez, miles de venezolanos se han movilizado espontáneamente para participar en las tareas de rescate en las zonas más devastadas. Armados con picos, palas y herramientas improvisadas, remueven los escombros mientras intentan localizar supervivientes guiados, muchas veces, por los gritos que todavía se oyen bajo los edificios derrumbados. "De momento son los civiles los que, con lo poco que tienen, intentan salvar personas bajo los escombros, pero hace falta maquinaria. La ayuda internacional también ya va llegando", explica Gladys. Sin embargo, insiste en que el tiempo es determinante: "Para levantar escombros de edificios hace falta maquinaria pesada; es lo que podría salvar más vidas".

En medio del caos, las redes sociales se han convertido en una herramienta imprescindible para intentar reconstruir el rompecabezas de los desaparecidos. Miles de familias, tanto desde Venezuela como desde el extranjero, publican fotografías, nombres y datos de sus seres queridos con la esperanza de que alguien pueda aportar información. Desde hace días proliferan mensajes pidiendo ayuda para localizar personas que continúan incomunicadas, una situación agravada por los cortes en las comunicaciones y los problemas de suministro eléctrico. Paralelamente, han surgido iniciativas específicas para centralizar estas búsquedas, como un portal difundido en la red social X por dirigentes de la oposición venezolana, muchos de los cuales viven en el exilio, que ya ha registrado decenas de miles de personas desaparecidas y se ha convertido en uno de los principales puntos de referencia para las familias.
Angustia a miles de kilómetros
La tragedia también se vive con intensidad entre los cientos de miles de venezolanos residentes en España, que contemplan desde la distancia la destrucción de su país con una sensación de impotencia. "Es muy angustiante estar lejos y no poder ayudar", admite Verónica. Gladys comparte este sentimiento: "Lo vivo con una impotencia tremenda; lo que nos gustaría es salir corriendo hacia allí, levantar piedras y llorar con nuestra gente". Incapaces de llegar a las zonas afectadas, muchos miembros de la diáspora han canalizado esta angustia en ayuda humanitaria. Buscan familiares desaparecidos, organizan recogidas de material, envían dinero, comparten listas de personas desaparecidas y hacen de puente entre los afectados y el resto del mundo. "Ya hay organizados centros de recogida para enviar suministros", explica Gladys. Verónica, por su parte, relata que ella y sus hermanas preparan un paquete con material para enviar a Venezuela. "Desde aquí no podemos hacer nada más. El aeropuerto de Caracas está inoperativo", lamenta.

La gestión de la crisis también ha reabierto el debate político en Venezuela. El gobierno de Delcy Rodríguez, que mantiene al frente a figuras destacadas del antiguo régimen de Nicolás Maduro, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el presidente del Parlament, Jorge Rodríguez, a pesar de la nueva etapa de relaciones estrechas con Estados Unidos de Donald Trump, está siendo objeto de numerosas críticas por la respuesta al desastre. "La situación en Venezuela es crítica, todavía con el gobierno nefasto, que nos ha maltratado, desangrado y asesinado durante años", afirma Gladys. Verónica denuncia, además, las dificultades burocráticas que, según explica, complican la llegada de ayuda al país. "Delcy Rodríguez está complicando la entrada al país mediante formularios que dificultan las tareas de búsqueda y ayuda", asegura. "El pueblo venezolano quiere ayudar y el gobierno siempre lo complica", concluye.