Rusia estaría dispuesta a jugar permanentemente al límite con la OTAN, elevando la presión militar sin llegar, al menos de manera deliberada, a desencadenar una guerra abierta con Occidente. Esta es la principal conclusión que ha expuesto este jueves el Servicio de Inteligencia de Defensa de Dinamarca (DDIS), según el cual Moscú podría optar por ataques contra objetivos concretos siempre que calcule que no provocarán una respuesta militar colectiva. "Es probable que Rusia lleve a cabo ataques militares si estima que no desembocarán en una guerra", señala el organismo, que advierte, sin embargo, que el Kremlin podría actuar incluso sin tener plenas certezas sobre la reacción occidental. El aviso coincide con lo que ya había planteado el primer ministro polaco, Donald Tusk, el 17 de septiembre, cuando advirtió que el objetivo de Moscú sería erosionar la cohesión interna de la OTAN y alimentar la percepción de que el artículo 5, que obliga a los aliados a responder conjuntamente ante un ataque, es "más teórico que práctico".
Tres días antes del discurso de Tusk, Dinamarca fue precisamente víctima de las provocaciones del Kremlin cuando un buque de guerra ruso disparó dos bengalas contra un helicóptero militar danés que rastreaba la embarcación en aguas internacionales del mar Báltico. Copenhague advierte que el principal riesgo es que Moscú llegue a la conclusión de que la OTAN no reaccionará de manera conjunta y los hechos del 14 de septiembre refuerzan esta perspectiva, ya que la respuesta se limitó a condenar el acto. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo que Rusia había llevado a cabo una acción "temeraria" y diseñada para "intimidar".
En este contexto, la inteligencia danesa considera "muy probable" que el Kremlin intensifique la guerra híbrida durante los próximos meses, con acciones dirigidas tanto a generar miedo como a erosionar el apoyo social a la ayuda a Ucrania. Según el DDIS, Rusia también estaría intentando dificultar directamente que esta asistencia llegue al país gobernado por Volodímir Zelenski, con "sabotajes contra empresas de defensa" o infraestructuras ferroviarias utilizadas para transportar material militar. El objetivo, señala el informe, sería obligar a Europa a "desviar recursos destinados a apoyar a Kiev" y "sembrar la división en el seno de la OTAN".
Riesgo "bajo", pero "creciente"
La inteligencia danesa prevé, de hecho, que esta estrategia de presión aumente tanto en frecuencia como en gravedad. El DDIS apunta que Rusia podría intensificar los ataques híbridos contra Occidente y la OTAN con "ciberataques destructivos" capaces de interrumpir servicios esenciales o con sabotajes que llegaran a "causar víctimas". Al mismo tiempo, el organismo considera que el riesgo de un ataque militar "limitado" contra uno o varios países de la Alianza Atlántica fronterizos con Rusia sigue siendo "bajo", pero "creciente". Según la evaluación danesa, una acción de este tipo podría producirse incluso antes de que Moscú dispusiera de todas las "capacidades necesarias para afrontar una guerra regional".
El DDIS menciona escenarios concretos en los que Moscú podría intentar mantenerse en esta zona gris. Un ataque "limitado", según el organismo, podría consistir en el uso de armas de largo alcance contra infraestructuras clave para el apoyo a Ucrania, con el argumento posterior de que los proyectiles habrían acabado en territorio de la OTAN a causa de interferencias ucranianas. La inteligencia danesa también prevé una posible "operación de falsa bandera" en la que Rusia utilizara drones de fabricación ucraniana para atacar un país aliado y generar confusión sobre la autoría. Otro escenario sería el despliegue de un contingente militar reducido en algún estado de la OTAN fronterizo con Rusia, aunque Copenhague señala que una operación así requeriría concentrar previamente tropas cerca de la frontera, un movimiento que considera "difícil de ocultar".
Putin, presionado por los acontecimientos
El informe destaca que Ucrania mantiene los ataques de largo alcance y está causando más daños dentro del territorio ruso, mientras Moscú asume "duras pérdidas" a cambio de ganancias territoriales que califica de marginales. A este desgaste militar se añade una situación económica que el DDIS considera cada vez más delicada, condicionada por la economía de guerra de Vladímir Putin, las sanciones internacionales y los ataques ucranianos contra infraestructuras energéticas. En este contexto, el organismo sostiene que el apoyo económico y militar occidental sigue siendo "vital" para que Kiev pueda contener las fuerzas rusas y elevar el coste de la guerra para el Kremlin, y concluye que no hay perspectivas de que Rusia consiga avances significativos en el frente "durante los próximos seis meses".
La inteligencia danesa considera, por todo ello, "muy poco probable" que Putin esté dispuesto a renunciar a sus objetivos fundamentales. El informe señala que Moscú ve con preocupación el proceso de rearme europeo y parte de la idea de que, hacia 2030, Europa podría disponer de una capacidad militar autónoma lo suficientemente importante como para ser percibida por el Kremlin como una amenaza creciente. Es en este margen temporal donde el DDIS sitúa uno de los principales riesgos: que Rusia interprete los próximos años como una "ventana de oportunidad" para intentar modificar de manera profunda la arquitectura de seguridad europea antes de que este refuerzo occidental se consolide. Según Copenhague, Putin podría llegar a concluir que vale la pena asumir riesgos más elevados para alterar el curso actual de los acontecimientos y evitar que el equilibrio militar europeo evolucione aún más en contra de los intereses rusos.
