La guerra en Irán ha provocado una crisis energética global de una magnitud comparable a la suma de las crisis del petróleo de los años setenta y las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania, según ha advertido el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol. El impacto sobre los mercados energéticos y la economía mundial ya se hace notar, y podría agravarse aún más en las próximas semanas.
En una intervención en Canberra, Birol subrayó que los efectos del conflicto —marcado por los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre objetivos en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz— no fueron inicialmente comprendidos en toda su dimensión por los líderes internacionales. Este paso estratégico, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, es clave para el funcionamiento de la economía global.
“Lo que estamos viendo es, en esencia, dos crisis del petróleo y una del gas a la vez”, afirmó Birol ante los medios. Según datos de la AIE, el conflicto actual ya ha provocado la pérdida de unos 11 millones de barriles de petróleo diarios y cerca de 140.000 millones de metros cúbicos de gas, cifras que superan con creces episodios anteriores.
Además, al menos 40 infraestructuras energéticas en la región del Golfo han resultado gravemente dañadas, lo que dificultará la recuperación del suministro incluso si el conflicto se detiene a corto plazo. Esta situación afecta no solo al petróleo y al gas, sino también a otros sectores esenciales como los petroquímicos, los fertilizantes o materiales estratégicos como el azufre y el helio.
¿Qué pasa si la situación empeora?
Ante este escenario, la AIE anunció el pasado 11 de marzo la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas, la mayor medida de emergencia de su historia. Sin embargo, Birol advirtió que esta decisión solo representa un 20% de las reservas disponibles y que podría ser necesaria una nueva liberación si la situación empeora.
“Nuestro objetivo es aliviar la presión sobre los mercados, pero esto no solucionará el problema de fondo”, explicó. Entre las medidas propuestas para reducir la demanda energética, la AIE plantea fomentar el teletrabajo, reducir temporalmente los límites de velocidad en las carreteras y disminuir el tráfico aéreo.
Los ultimátums de Trump
La crisis también ha intensificado las tensiones geopolíticas. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha dado un ultimátum de 48 horas a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz, advirtiendo que, en caso contrario, se destruirán infraestructuras energéticas clave del país. Teherán, por su parte, ha respondido con amenazas de represalias contra instalaciones energéticas norteamericanas y aliadas en la región.
Los efectos de la crisis ya se notan especialmente en la región Asia-Pacífico, fuertemente dependiente de las importaciones energéticas. Europa también empieza a experimentar tensiones en el suministro de diésel y combustible de aviación, aunque un aumento de la producción en países como Canadá y México podría ayudar a mitigar su impacto.
A pesar de los esfuerzos por estabilizar los mercados, Birol lanzó una advertencia clara: ningún país quedará al margen de las consecuencias de esta crisis. En un contexto de interdependencia global, la energía vuelve a situarse en el centro del escenario económico y político mundial.