El coste oculto de la guerra de Trump contra Irán

Donald Trump ha querido presentar el acuerdo alcanzado con Irán como el final de un conflicto que, según defiende, ha reforzado la posición de Estados Unidos en el mundo. El presidente estadounidense ha celebrado el entendimiento anunciando que el petróleo vuelve a fluir, que Irán no podrá desarrollar armas nucleares y que la economía estadounidense continúa mostrando signos de fortaleza. Pero más allá del mensaje triunfalista de la Casa Blanca, los datos dibujan una realidad mucho más compleja.

La guerra, iniciada hace poco más de cien días, ha dejado un elevado coste humano y económico. Tal como recoge la CNN, al menos trece militares estadounidenses han muerto durante el conflicto, que también ha provocado más de 7.500 víctimas civiles en la región. A esto se añade una factura económica que continúa aumentando y que podría tener consecuencias durante meses.

El coste de la guerra

Según un análisis preliminar del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) citado por la cadena estadounidense, el coste directo de la guerra para el Departamento de Defensa ya se acerca a los 34.000 millones de euros. La cifra incluye armamento utilizado, equipamiento destruido y daños en bases militares, pero no incorpora otros gastos operativos que todavía se están calculando.

Una parte muy importante de esta factura corresponde a las municiones. Estados Unidos ha utilizado armamento de largo alcance y alta tecnología en cantidades extraordinarias. Solo los misiles Tomahawk, una de las armas más usadas durante las operaciones, tienen un coste aproximado de 2,1 millones de euros por unidad. Según los expertos consultados por la CNN, se habrían lanzado cerca de un millar.

Este despliegue ha tenido otra consecuencia: la reducción de las reservas estratégicas de armamento estadounidense. De hecho, la administración Trump ha recurrido recientemente a mecanismos excepcionales para acelerar la producción de nuevas armas y reforzar los stocks de defensa.

La población sufre las consecuencias

Sin embargo, los efectos más visibles para la población se han notado fuera de los campos de batalla. La energía ha sido uno de los sectores más afectados por el conflicto. La parada parcial del suministro de crudo procedente de Oriente Medio ha obligado a los mercados internacionales a buscar fuentes alternativas de petróleo, generando tensiones en los precios globales.

Según las estimaciones recogidas por la CNN, el mundo ha dejado de disponer de unos 1.150 millones de barriles de petróleo durante estos meses de guerra. Para compensar esta situación, varios países han aumentado la producción y decenas de estados han liberado reservas estratégicas, en lo que se ha convertido en una de las operaciones coordinadas más elevadas de la historia del sector energético.

A pesar de estos esfuerzos, los consumidores han acabado asumiendo buena parte del impacto. En Estados Unidos, las familias han tenido que gastar de media unos 217 euros más en energía de lo que habrían pagado sin el conflicto. El encarecimiento del gasóleo ha sido todavía más acusado, afectando especialmente al transporte de mercancías, la agricultura y la logística.

El aumento de los precios energéticos también ha contribuido a reactivar la inflación. Los últimos datos muestran que los precios crecen a un ritmo superior al 4% anual, una tasa que duplica el objetivo habitual de la Reserva Federal. Esta situación ha frenado una posible bajada de los tipos de interés y mantiene la presión sobre las hipotecas, los préstamos al consumo y el mercado inmobiliario.

Trump, salpicado

A pesar de este contexto, los mercados financieros han reaccionado mejor de lo que muchos analistas preveían. Las principales bolsas norteamericanas continúan en niveles elevados y los inversores mantienen la confianza en la economía de Estados Unidos. Este contraste entre la buena evolución de los mercados y el malestar de una parte de la población es uno de los elementos que más preocupa a los economistas.

También en el ámbito político el balance es ambiguo. Trump continúa conservando un núcleo fiel de seguidores, pero su popularidad se mantiene en niveles bajos. Así lo recoge la CNN, que sitúa la aprobación del presidente alrededor del 37%, una cifra prácticamente idéntica a la registrada antes del inicio de la guerra.

Con las negociaciones abiertas durante los próximos sesenta días, la Casa Blanca intenta proyectar la imagen de una victoria estratégica. Pero más allá de los mensajes políticos, las consecuencias económicas del conflicto continuarán presentes durante mucho tiempo. La guerra puede haber entrado en pausa, pero la factura todavía está lejos de quedar cerrada.