Corea del Norte observa con mucha atención los últimos acontecimientos en Oriente Próximo después de la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, en una operación militar atribuida a los Estados Unidos e Israel. A pesar de condenar la ofensiva como una “guerra de agresión”, los medios estatales norcoreanos han evitado informar directamente de la muerte del dirigente iraní, una ausencia que analistas interpretan como un movimiento calculado del régimen de Pyongyang.
El sistema político norcoreano se basa en la figura casi invulnerable de su líder. Reconocer públicamente que otro dirigente supremo ha sido eliminado en un ataque militar podría introducir un precedente incómodo para el relato oficial del régimen. La idea de que incluso el máximo líder de un estado fuertemente controlado puede ser localizado y asesinado es una narrativa que Pyongyang difícilmente quiere difundir entre su población.
¿Posible estrategia diplomática?
En este contexto, algunos analistas consideran que el líder norcoreano, Kim Jong-un, podría estar replanteándose su estrategia diplomática con Washington. El analista Chad O’Carroll, fundador del grupo de investigación Korea Risk Group, considera que Kim podría ver con interés la posibilidad de reanudar algún tipo de contacto con el presidente estadounidense, Donald Trump, según destaca un artículo de la CNN.
Según O’Carroll, el motivo no sería tanto una voluntad inmediata de negociación como la necesidad de gestionar la imprevisibilidad de Trump y reducir riesgos en un contexto internacional cada vez más volátil. Trump tiene previsto viajar a Asia este mes para reunirse con el presidente chino Xi Jinping, aunque no hay ninguna confirmación de un posible encuentro con Kim.
Los responsables de seguridad norcoreanos analizan con detalle la operación militar contra Irán para identificar todas sus implicaciones. El régimen norcoreano mantiene desde hace décadas uno de los sistemas de protección del líder más sofisticados del mundo. Las imágenes difundidas por los medios estatales muestran habitualmente un amplio dispositivo de seguridad alrededor de Kim, con agentes muy próximos al líder y equipos especiales diseñados para protegerlo en caso de ataque.
Además, el país ha desarrollado infraestructuras subterráneas y centros de mando alternativos destinados a garantizar la continuidad del liderazgo en caso de crisis. Las tácticas de seguridad incluyen también columnas de vehículos de distracción, cambios repentinos de localización y varios anillos de protección.
Las capacidades de Corea del Norte
A pesar de estas precauciones, los analistas señalan que los conflictos recientes han demostrado la capacidad de los servicios de inteligencia modernos para infiltrarse en países adversarios, rastrear movimientos de dirigentes y neutralizar defensas con gran rapidez.
Al mismo tiempo, Corea del Norte dispone de un factor que refuerza su confianza: su arsenal nuclear. El país asegura tener decenas de ojivas nucleares y sistemas de misiles capaces de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos, una capacidad que altera profundamente cualquier cálculo estratégico de sus adversarios. A pesar de ello, la disuasión nuclear no garantiza una inmunidad absoluta. La experiencia reciente de Irán ha demostrado que la presión militar puede coexistir con intentos diplomáticos hasta el momento en que las negociaciones fracasan.
Este recuerdo también puede reactivar en Pionyang la memoria de la cumbre de Hanói de 2019, cuando Kim y Trump abandonaron la reunión sin ningún acuerdo después de meses de expectativas. Desde entonces, Corea del Norte ha intensificado las pruebas de armas y ha reforzado su cooperación con Rusia, especialmente a raíz de la guerra de Ucrania.
A pesar de este acercamiento a Moscú y los vínculos económicos con China, el ejemplo iraní también muestra los límites de las alianzas. A pesar de las relaciones con estas potencias, Teherán no ha recibido una intervención militar directa en la crisis reciente.
Por eso, algunos analistas creen que Kim podría considerar de nuevo un acercamiento a Washington. En el reciente congreso del Partido de los Trabajadores, el líder norcoreano dejó una puerta abierta a un posible diálogo, siempre que Estados Unidos acepte Corea del Norte como potencia nuclear. De momento, no hay ninguna señal clara de que las conversaciones se reanuden. Pero después de los acontecimientos en Oriente Próximo, en Pyongyang se plantea una pregunta clave: si es más arriesgado volver a hablar con Washington o mantenerse en silencio.
