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La guerra en Ucrania también se libra en un terreno menos visible que el frente: el del acceso a los medicamentos. En Járkov, una ciudad sometida a los ataques rusos desde el inicio de la invasión a gran escala —hace 56 meses—, proteger los fármacos y garantizar que lleguen a los pacientes se ha convertido en un reto sanitario. Para hacerle frente, la organización humanitaria Mission Kharkiv ha desarrollado los llamados Pharma Bunkers, unas instalaciones subterráneas destinadas a preservar medicamentos oncológicos y evitar que los bombardeos o las interrupciones eléctricas comprometan los tratamientos.

Un refugio para los medicamentos

El proyecto responde a una vulnerabilidad concreta. Algunos fármacos contra el cáncer son caros, difíciles de conseguir y sensibles a los cambios de temperatura. Si un almacén queda destruido o se rompe la cadena de frío, las existencias pueden dejar de ser utilizables. Para los pacientes, esto puede comportar retrasos en tratamientos que no siempre se pueden aplazar.

Según la información publicada por Mission Kharkiv, los Pharma Bunkers disponen de cuatro cámaras independientes, con una capacidad conjunta de unos 40 metros cúbicos. También incluyen suministro eléctrico autónomo y sistemas digitales de control de la temperatura y la humedad. La finalidad es mantener las condiciones de conservación de los medicamentos aunque fallen los servicios urbanos o la situación de seguridad empeore.

La iniciativa no se limita a guardar existencias. Las reservas permiten preparar las entregas y redistribuir los fármacos a los centros sanitarios y a los pacientes que los necesitan. Se trata de una pieza de una cadena logística que, en tiempo de guerra, puede quedar interrumpida por la destrucción de infraestructuras, las dificultades de transporte o la falta de suministros.

EFE

Cuando el tratamiento no se puede pagar

La historia de Mission Kharkiv comenzó en 2022, después de la invasión rusa. El medio público ucraniano Suspilne Kharkiv explicaba en febrero de 2023 que la organización había proporcionado medicamentos oncológicos a más de 700 personas durante el primer año de actividad. Entre los tratamientos distribuidos había fármacos de quimioterapia e inmunoterapia.

Las dificultades para acceder a los tratamientos continúan siendo una realidad para los enfermos de cáncer en Ucrania. En un reportaje publicado en 2023, el mismo medio recogía el testimonio de Valentina Brynko, una paciente que había recurrido a Mission Kharkiv para conseguir medicación. "Uno de los medicamentos cuesta 4.000 grivnas" —unos 79 euros con el cambio actual—, explicaba, en referencia a un gasto difícil de asumir con su pensión. Más recientemente, en un testimonio difundido en 2025 a través de GlobalGiving, Valentyna Turta explicaba que, después de recibir un diagnóstico de cáncer de mama en 2024, había tenido dificultades para encontrar y pagar los fármacos que necesitaba. La organización le proporcionó Neupogen y Endoxan, dos medicamentos de su tratamiento. Ambas experiencias ilustran cómo el coste de los fármacos y los problemas de disponibilidad pueden añadir obstáculos a la atención médica en un país en guerra. 

La necesidad de esta ayuda no ha desaparecido. En un balance publicado el 5 de octubre de 2026 en la plataforma humanitaria GlobalGiving, Mission Kharkiv informó de que durante septiembre había distribuido 1.708 unidades de medicamentos oncológicos. De estas, 226 se entregaron a centros sanitarios y 1.482 directamente a pacientes. La organización contabilizó 458 entregas individuales.

Una red que necesita continuidad

El proyecto también busca reforzar la coordinación con las estructuras sanitarias del país. El medio especializado The Pharma Media informó el 26 de agosto de 2026 de que Mission Kharkiv continuaba cooperando con Medical Procurement of Ukraine, el organismo público de compras médicas. La colaboración incluye el intercambio de experiencias logísticas y la búsqueda de mejoras en el suministro de medicamentos y material sanitario.

En Járkov, la guerra también pone a prueba la capacidad de mantener en funcionamiento una sanidad bajo presión. Los Pharma Bunkers no pueden evitar los bombardeos ni garantizar que todos los pacientes reciban el tratamiento que necesitan, pero protegen una parte esencial de la cadena de suministro.