La Administración Trump quiere dejar claro al mundo que su apuesta por Venezuela es Delcy Rodríguez. Tras menospreciar —de manera repetitiva— a la principal opositora del chavismo, María Corina Machado, ahora es el director de la CIA, John Ratcliffe, quien se ha reunido en Caracas con la exvicepresidenta de Nicolás Maduro y actual presidenta interina del país, con una intención clara: reforzar el mensaje de la Casa Blanca, que ve en el continuismo el mejor camino hacia la estabilidad de Venezuela a corto plazo. Así, mientras este jueves Machado entregaba su medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente de los Estados Unidos, Ratcliffe se convertía en el funcionario estadounidense de más alto rango en visitar el país latinoamericano, tras la captura de su presidente hace dos semanas.
La reunión tuvo lugar un día después de que Trump hablara por teléfono con Rodríguez y, según ha informado un funcionario estadounidense al The New York Times, la intención del presidente era "transmitir el mensaje de que Estados Unidos espera una mejora en su relación de trabajo". Una relación que, tal como señaló la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, va por buen camino: "Al presidente le gusta lo que está viendo y espera que la cooperación continúe", aseguró Leavitt. En este sentido, el funcionario añade que ambos hablaron sobre la cooperación en inteligencia, la estabilidad económica y la necesidad de garantizar que el país ya no sea un "refugio seguro para los adversarios de América, especialmente los narcotraficantes".
El papel de la CIA en la decisión de confiar en Rodríguez
Precisamente, la CIA ha tenido un papel fundamental en la decisión de confiar en la número dos de Maduro, una vez capturado este. Ya desde el verano pasado, mientras la Administración Trump comenzaba a organizar la campaña antidroga en el Caribe, que acabaría con un recuento de 35 embarcaciones bombardeadas —supuestamente por ser "narcolanchas"— y 123 muertos, altos cargos estadounidenses planteaban que la posibilidad de desmantelar el gobierno venezolano o, incluso, dar el poder a la oposición supondría cometer los mismos errores que en Irak. Por eso, a fin de evitar que se extendiera el caos una vez descabezado el chavismo, la CIA propuso a Rodríguez como sucesora al ser considerada una política pragmática, más que una ideóloga, y que estaba dispuesta a negociar y trabajar con Estados Unidos.

De hecho, Rodríguez ya tenía un bagaje en esto de las negociaciones con Estados Unidos en su historial. Fue la persona que estuvo involucrada en las reuniones con el enviado especial de Trump, Richard Grenell, mientras la administración intentaba conseguir que Maduro renunciara voluntariamente al poder. Aunque finalmente no se llegó a ningún acuerdo, los funcionarios que estuvieron al tanto de las discusiones describieron a la entonces vicepresidenta como una persona pragmática y como alguien que buscaba posibles puntos de acuerdo.
Con todo, parece que mientras cumpla con las intenciones de Trump de acceder al petróleo venezolano, Rodríguez será la encargada de liderar un país que desde hace años vive una grave crisis migratoria —casi 8 millones de venezolanos han tenido que marcharse de su país— y donde, de momento, no se prevén elecciones. La portavoz de la Casa Blanca ya dio largas a esta cuestión al avisar que se harían "algún día", pero sin especificar cuándo. De esta manera, desde la Casa Blanca ven en Rodríguez una figura capaz de "cooperar y coordinarse con el gobierno de los Estados Unidos". Una primera muestra de ello ha sido la liberación de parte de los presos políticos del país, a pesar de que algunas ONG cuestionen la falta de rapidez con la que se está haciendo esta gestión.