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De casa natal de Hitler a comisaría de la policía austriaca. Desde este miércoles, el hogar que vio nacer al dictador en Braunau am Inn funcionará como centro de la policía y también se impartirán cursos para nuevos agentes. En los últimos años se había producido un fuerte debate sobre qué papel debía tener este edificio para evitar que se convierta en un lugar de peregrinación para fanáticos del Führer, tal como había ido pasando. Cada 20 de abril, coincidiendo con el aniversario del dictador, militantes de extrema derecha de diferentes países europeos se desplazan hasta esta casa y compartían fotografías haciendo el saludo nazi, un delito en Austria. En 2021, un neonazi dejó una ofrenda por el aniversario del "difunto Adolf". Hitler solo vivió tres años de su vida en esta ciudad. Cuando era un niño, se marcharon de Braunau, a pocos kilómetros de la frontera con Alemania. Esta resignificación, de momento, no está funcionando, ya que poco antes de la reapertura del edificio como comisaría, neonazis hackearon Google Maps, modificando el número de la calle de esta casa: pasó del 15 al 88, código nazi para "Hail Hitler".

Un debate incómodo

Durante las obras para la reconversión, los servicios de seguridad detectaron el riesgo de que neonazis se llevaran fragmentos del derribo para venderlos en el mercado negro. Para evitarlo, se mezclaron todos los restos triturados con los residuos de otras obras. Con la remodelación, que se ha alargado durante años, se ha transformado completamente la fachada del edificio, que es irreconocible: de un revestimiento amarillo, estropeado por la humedad y el paso de los años, se ha pasado a un frente blanco. Este proyecto arquitectónico se inspiró en el estilo tradicional del XVII, cuando fue construido. Se ha mantenido, eso sí, el monumento conmemorativo que se instaló en 1989 en recuerdo de las víctimas del nazismo con el lema: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo, millones de muertos lo advierten".

El monumento en recuerdo a las víctimas del nazismo / Foto: Efe

El proceso para decidir qué se tenía que hacer con la casa natal de Hitler se ha alargado durante años y, según los historiadores del país, demuestra las dificultades de Austria a la hora de enfrentarse a su pasado. En 1970 el Estado la alquiló para evitar que quedara en manos de exaltadores nazis, pero desde 2011 estaba vacía. La última organización que la ocupó era una ONG para personas con discapacidad intelectual. Después de un largo tira y afloja, el edificio fue expropiado y se abrió el debate sobre cuál debía ser su función. Se llegó a plantear el derrumbe o convertirlo en un museo sobre el nazismo, pero lo descartaron.