Burnham llega a Downing Street con la economía, la inmigración y Trump como grandes desafíos

Andy Burnham ya es el nuevo primer ministro del Reino Unido. El exalcalde del Gran Manchester ha asumido este lunes las riendas del gobierno en sustitución de Keir Starmer, que deja Downing Street después de dos años marcados por el desgaste electoral y las divisiones internas del Partido Laborista. 

Burnham dispone de la misma amplia mayoría parlamentaria surgida de las elecciones de 2024, pero hereda un escenario mucho más complicado. El encarecimiento de la vida, el elevado endeudamiento público, la presión migratoria, el crecimiento de Reform UK y un contexto internacional inestable pondrán a prueba desde el primer momento su promesa de abrir una nueva etapa política.

Aliviar el coste de la vida sin descuadrar las cuentas

La prioridad inmediata del nuevo gobierno será mejorar el poder adquisitivo de los británicos, golpeados durante los últimos años por el aumento de los precios de la energía, los alimentos y la vivienda. Burnham ha prometido presentar esta misma semana medidas para reducir el coste de la vida, antes de dar a conocer a finales de año un plan de país para la próxima década. "El Reino Unido debe demostrar al mundo que podemos recuperar la estabilidad", afirmó en su primer discurso ante el número 10 de Downing Street. Burnham también ha defendido la necesidad de avanzar hacia "un país donde la vida sea más asequible".

El margen presupuestario, sin embargo, es limitado. La deuda pública británica equivalía al 95,1% del producto interior bruto a finales de mayo, un nivel que obliga al nuevo ejecutivo a combinar las políticas sociales con el mantenimiento de la confianza de los mercados. Entre las medidas que se han puesto sobre la mesa está reducir las tarifas de los autobuses, actuar sobre las facturas energéticas, construir más vivienda pública y reforzar el control de servicios esenciales como el agua, el transporte y la energía.

Decidir si mantiene la política migratoria restrictiva

La inmigración continuará siendo una de las cuestiones más sensibles de la política británica. Los últimos datos oficiales sitúan la migración neta en 171.000 personas durante 2025, frente a las 331.000 del año anterior y muy lejos del máximo de 944.000 registrado en marzo de 2023. 

La reducción llega después de las restricciones introducidas por el gobierno de Starmer. Burnham deberá decidir ahora si mantiene esta línea dura o introduce cambios que eviten alimentar el discurso antiinmigración de Reform UK sin provocar una revuelta entre los sectores más progresistas del laborismo.

Recuperar a los votantes perdidos por el laborismo

El nuevo primer ministro también deberá reconstruir un Partido Laborista que, a pesar de conservar una mayoría cómoda en Westminster, ha perdido una parte importante del apoyo obtenido dos años atrás. Las elecciones de mayo dejaron un fuerte retroceso en los ayuntamientos ingleses, la tercera posición en Gales y nuevas dificultades en Escocia. Reform UK avanzó entre los votantes descontentos, mientras que los Verdes atrajeron a una parte del electorado de izquierdas.

Burnham ha prometido recuperar una línea "claramente laborista" y no limitarse a imitar a sus rivales. "Ganamos siendo nosotros mismos", aseguró. "No intentaremos ser más verdes que los Verdes, ni más "Reform" que Reform, ni adoptar demasiadas posiciones conservadoras".

Desencallar la relación con la Unión Europea

Otra de las carpetas pendientes será la relación con Bruselas. La cumbre entre el Reino Unido y la Unión Europea prevista para el 22 de julio quedó aplazada tras la dimisión de Starmer y el cambio de gobierno.

Las negociaciones incluyen posibles acuerdos en materia agroalimentaria, electricidad y movilidad juvenil. Uno de los principales obstáculos es el tratamiento de los estudiantes europeos en las universidades británicas, así como el número de jóvenes que podrían trabajar y estudiar temporalmente a ambos lados del canal de la Mancha. Burnham no se ha planteado revertir el Brexit, pero sí ha defendido continuar los acercamientos iniciados durante la etapa anterior.

Gestionar una relación difícil con Trump

La relación con Estados Unidos será una de las primeras pruebas internacionales. Donald Trump ya ha calificado a Burnham de "extremadamente liberal" y ha criticado las limitaciones británicas a la explotación de petróleo y gas en el mar del Norte.

El nuevo primer ministro ha defendido que Estados Unidos seguirá siendo el principal aliado británico en defensa y seguridad, pero también ha prometido hablar con franqueza con Trump y discrepar cuando lo considere necesario. Al mismo tiempo, deberá mantener el apoyo a Ucrania y definir la posición del país ante las guerras que afectan a Oriente Medio.

Más presión sobre Israel

Burnham también quiere marcar distancias respecto a la respuesta de Starmer a la guerra de Gaza. El nuevo dirigente laborista ha admitido que el Reino Unido reaccionó demasiado tarde y ha afirmado que "debemos hacer más para presionar al gobierno israelí".

Aun así, ha evitado calificar los hechos de Gaza de genocidio y ha dejado esta determinación en manos de los tribunales internacionales. Burnham sí ha señalado que existen "pruebas crecientes" que podrían indicar la comisión de crímenes de guerra.

Energía verde, petróleo y puestos de trabajo

El nuevo ejecutivo deberá resolver igualmente las tensiones entre la transición energética y la voluntad de bajar las facturas a corto plazo. Burnham deberá aclarar si mantiene las limitaciones a las nuevas exploraciones de petróleo y gas en el mar del Norte o si permite ampliar la producción mediante yacimientos ya conectados a infraestructuras existentes. La decisión tendrá consecuencias ambientales, económicas y laborales, especialmente en Escocia, donde miles de puestos de trabajo dependen de la industria de los hidrocarburos.

Financiar la defensa sin recortar otros servicios

El último gran reto será cumplir los compromisos militares. El plan de inversión en defensa presentado por el gobierno anterior todavía tiene 4.700 millones de libras de financiación pendientes de concretar durante los próximos cuatro años.

Burnham ha prometido asumir la responsabilidad de financiarlo, pero deberá decidir si los recursos provienen de más impuestos, deuda o recortes en otros ministerios. Al mismo tiempo, los aliados de la OTAN presionan a Londres para que acelere el aumento del gasto militar ante la amenaza rusa y las dudas sobre el compromiso norteamericano con la seguridad europea.