Brasil llega a la recta final de la campaña presidencial con un escenario que hace pocas semanas parecía menos probable: Luiz Inácio Lula da Silva, en el poder desde 2023, se juega la continuidad ante Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta prácticamente empatada. Las últimas encuestas no permiten señalar un favorito claro y convierten la votación de este domingo en una prueba tanto para el proyecto de la izquierda como para la capacidad del bolsonarismo de mantener el control de la derecha brasileña.
El sondeo de Datafolha, publicado el jueves por el diario Folha de S.Paulo, sitúa a ambos candidatos en el 50% de los votos válidos. El estudio, elaborado entre el 20 y el 22 de octubre con 2.520 entrevistados, tiene un margen de error de dos puntos. Otra encuesta, de Vox Radar y difundida por CNN Brasil, da a Lula un 50,6% frente al 49,4% de Flávio, también dentro del margen de error. Los datos dibujan una carrera muy ajustada, sin una ventaja estadísticamente concluyente para ninguno de los dos aspirantes.
¿Cuál es la situación?
La primera vuelta del 4 de octubre ya había evidenciado la fortaleza de la oposición: Flávio obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. Según los datos publicados por la agencia pública Agência Brasil, ninguno de los dos candidatos superó el umbral necesario para evitar una segunda votación. El senador del Partido Liberal ha convertido este resultado en un argumento para presentarse como la alternativa al gobierno, mientras Lula intenta movilizar a los votantes que temen un regreso del proyecto político de su predecesor.
La candidatura de Flávio no es una simple repetición del enfrentamiento entre Lula y Jair Bolsonaro de 2022. El hijo mayor del expresidente debe demostrar que puede heredar el capital político y ampliarlo más allá del núcleo fiel del movimiento. Para Lula, la disputa es también un examen de su tercer mandato: el presidente aspira a continuar en el poder, pero llega a la votación con una valoración del gobierno dividida. Según otra encuesta de Datafolha publicada por Folha de S.Paulo, el 39% de los encuestados considera negativa la gestión, frente al 36% que la valora positivamente.
Una campaña cada vez más polarizada
La recta final ha estado marcada por los ataques personales y las acusaciones mutuas. En el debate de TV Bandeirantes del domingo pasado, recogido por Agência Brasil, los candidatos se confrontaron sobre seguridad, corrupción, servicios públicos y derechos laborales. La discusión evidenció la dificultad de ambos para convencer a los electores menos identificados con sus bloques. El debate final en TV Globo, del viernes, fue la gran oportunidad televisiva para intentar decantar a los indecisos.
La batalla también se ha trasladado a las redes sociales. El Tribunal Superior Electoral de Brasil ha ordenado retirar tres publicaciones de Flávio que vinculaban a Lula con organizaciones criminales; una utilizaba inteligencia artificial para simular una situación que no había ocurrido. La resolución, difundida por el mismo tribunal, ilustra el papel que han adquirido las autoridades electorales en una campaña en la que las acusaciones circulan rápidamente y pueden confundir hechos probados con mensajes de propaganda.
Más que una elección presidencial
El resultado tendrá consecuencias sobre las políticas sociales, la seguridad pública, la protección de la Amazonia y el papel internacional de Brasil. Una victoria de Lula permitiría mantener el rumbo actual, pero no le garantizaría una legislatura fácil; una victoria de Flávio abriría una nueva etapa para el bolsonarismo y podría reorientar las prioridades del gobierno.
La votación también será un indicador de la profundidad de la división política del país. El sondeo de Datafolha publicado por Folha de S.Paulo sitúa en el 48% la proporción de electores que rechazan votar tanto a Lula como a Flávio, una señal del fuerte rechazo que generan ambos candidatos. Con los aspirantes casi empatados, la movilización de sus electorados y la participación pueden acabar siendo decisivas. Brasil escogerá presidente y pondrá a prueba hasta qué punto la polarización que domina su política desde 2018 sigue definiendo el futuro del país.
