El 26 de septiembre de 2022, grandes cantidades de gas metano empezaron a emerger de las profundidades del mar Báltico, junto a la isla danesa de Bornholm. Las imágenes captadas desde el aire que dieron la vuelta al mundo eran la consecuencia de un sabotaje que había destruido tres de los cuatro ramales de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, construidos para transportar gas natural de Rusia hasta Alemania. Las explosiones se produjeron siete meses después del inicio de la invasión rusa de Ucrania y pusieron punto final a un proyecto energético multimillonario con el que Moscú y Berlín habían buscado asegurar el suministro de gas ruso a bajo coste. Cuatro años después, el caso ha llegado a los tribunales alemanes con Serhí Kuznetsov, un exmilitar ucraniano señalado como el presunto responsable de dirigir la operación, en el banquillo de los acusados. El juicio ha comenzado este miércoles en Hamburgo, bajo fuertes medidas de seguridad y con la posible implicación del Estado ucraniano todavía por aclarar.
La Fiscalía alemana sostiene que Kuznetsov sabía que el Nord Stream era una infraestructura civil y no militar y que, por lo tanto, no podía considerarse un objetivo legítimo en el contexto de la guerra. Según el relato de la acusación, el exmilitar, que entonces formaba parte de una unidad de élite de las fuerzas armadas ucranianas, habría dirigido una operación en la que participaron seis personas más. El grupo habría salido del puerto alemán de Rostock a bordo de un velero de alquiler y se habría desplazado hasta las aguas próximas a la isla de Bornholm. Una vez allí, algunos de los integrantes se sumergieron hasta una profundidad de 80 metros para instalar cuatro artefactos explosivos con temporizador en diferentes ramales de los gasoductos que transportaban gas natural directamente de Rusia a Alemania.
Una de las pruebas que la Fiscalía considera más comprometedoras para Kuznetsov es una conversación telefónica interceptada después de su detención en Italia en 2025. Durante la llamada, el exoficial ucraniano, de 50 años, se habría quejado a su mujer de que Ucrania no reconociera públicamente que el sabotaje del Nord Stream había sido una operación estatal y que él no había actuado por iniciativa propia. La acusación también ha expuesto cómo los investigadores lograron identificar a los participantes en el ataque a partir de los vehículos que habían utilizado para llegar al puerto alemán de Rostock. Aunque el grupo habría cruzado la frontera desde Polonia con pasaportes falsificados, la fotografía del documento de Kuznetsov habría permitido reconocerlo sin dificultades.
Kuznetsov "tiene las manos atadas"
Kuznetsov no ha ofrecido ningún tipo de declaración, pero su defensa sí. Sus abogados han reclamado el archivo del procedimiento y han cuestionado que se pueda exigir responsabilidad penal a un oficial por una actuación militar en tiempo de guerra. Sostienen que, en caso de que el sabotaje hubiera sido una operación de las fuerzas armadas contra una infraestructura considerada enemiga, el acusado no podría ser juzgado penalmente por haber participado. Esta línea argumental, sin embargo, no implica que los letrados reconozcan que Kuznetsov interviniera en las explosiones. El equipo jurídico también ha denunciado las dificultades que afronta el exmilitar para defenderse, ya que su condición de miembro del ejército ucraniano en el momento de los hechos le impediría pronunciarse con plena libertad sobre determinadas cuestiones. Según los abogados, Kuznetsov "tiene las manos atadas".
El juicio también ha reabierto el debate político en Alemania sobre las consecuencias del sabotaje y la responsabilidad de Ucrania. La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), dos formaciones acusadas de ser prorrusas, reclaman una comisión parlamentaria que investigue las explosiones y defienden que el gobierno alemán suspenda la ayuda a Kiev. También exigen que Ucrania compense a Alemania por los daños ocasionados a una infraestructura que consideran esencial para la seguridad energética del país. Estas posiciones se han hecho visibles a las puertas del Palacio de Justicia de Hamburgo, donde varios representantes de BSW se han concentrado para reclamar una investigación parlamentaria. Al mismo tiempo, un pequeño grupo de manifestantes proucranianos ha expresado su apoyo a Kiev con pancartas con el mensaje "Rusia es terrorista".
Zelenski niega la autoría ucraniana
Por su parte, el gobierno alemán, de momento, evita anticipar las consecuencias políticas que podría tener una eventual condena de Kuznetsov. El ministro de Exteriores, Johann Wadephul, ha reconocido este miércoles que el procedimiento judicial, que se alargará al menos hasta febrero del próximo año, ha alimentado numerosas "especulaciones" sobre la autoría del sabotaje. Sin embargo, ha defendido que el ejecutivo debe respetar los tiempos de la justicia y esperar a que los tribunales se pronuncien antes de tomar ninguna decisión. En una rueda de prensa en Berlín junto a su homóloga búlgara, Velislava Petrova-Txamova, Wadephul ha asegurado que el gobierno deberá afrontar el resultado del juicio, sea cual sea, y "tenerlo en cuenta en los cálculos políticos".
El ministro también ha subrayado que, para Berlín, el hecho "determinante" sigue siendo que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha negado que el Estado ucraniano estuviera implicado en las explosiones de los gasoductos Nord Stream. En este contexto, Roderich Kiesewetter, portavoz de política exterior de la Unión Cristianodemócrata (CDU) del canciller Friedrich Merz, ha considerado plausible que las explosiones se planificaran sin que Zelenski tuviera conocimiento de ello.