Burnham plantea romper un tabú de la era Thatcher: volver a beber alcohol mirando un partido de fútbol

Una cerveza en el rugby, sí. En el críquet, también. En el fútbol, no. O, para ser más exactos, no si desde el lugar donde te la bebes se ve el césped. Esta peculiaridad que acompaña desde hace más de cuatro décadas al fútbol inglés podría tener los días contados. El primer ministro británico, Andy Burnham, ha abierto la puerta a revisar una de las normas más emblemáticas heredadas de la era de Margaret Thatcher: la prohibición de consumir alcohol en las gradas de los partidos masculinos de las principales categorías del fútbol inglés. Burnham, que llegó a Downing Street el pasado julio y es un conocido seguidor del Everton, considera que la situación actual trata a los aficionados al fútbol de manera diferente a los seguidores de otros deportes. "No creo que sea justo que los aficionados al fútbol sean señalados de esta manera", ha defendido durante su viaje a Nueva York para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según Burnham, la ley pertenece a "una época en que el fútbol era muy diferente" y hay argumentos para eliminar esta diferencia de trato. Una posibilidad sería empezar con pruebas piloto antes de una reforma general.

Puedes comprar una cerveza, pero no mirar el partido con ella

La norma es más peculiar de lo que puede parecer. En Inglaterra y Gales no está prohibido comprar alcohol dentro de los estadios. Muchos campos venden cerveza en los bares y pasillos interiores, pero la ley impide llevarla o consumirla en la gradería y en cualquier zona desde donde se pueda ver directamente el terreno de juego. Es decir, puedes comprar una cerveza y tomártela en el pasillo interior, en el bar o en la zona de restauración, pero no te la puedes llevar al asiento de la gradería si desde allí ves el partido.

La Sporting Events (Control of Alcohol) Act de 1985, la ley británica que regula el consumo y la posesión de alcohol en determinados eventos deportivos, prohíbe consumir alcohol "a la vista del terreno de juego" en los partidos designados. Actualmente, afecta a las cinco primeras categorías del fútbol masculino inglés, desde la Premier League hasta la National League. El resultado es una escena habitual en los estadios ingleses: en el descanso, cientos de aficionados se amontonan en los pasillos interiores para acabarse rápidamente la cerveza antes de volver al asiento. Y es aquí donde Burnham ve una contradicción difícil de justificar cuatro décadas después. En el rugby o en el críquet, por ejemplo, los espectadores pueden consumir alcohol mientras siguen el partido desde la grada. La prohibición que ahora quiere revisar Burnham afecta a Inglaterra y Gales. Escocia mantiene una restricción propia, todavía más antigua, mientras que Irlanda del Norte tiene un régimen diferente que permite la venta de alcohol en algunos estadios con licencia.

En concreto, en Escocia, el consumo de alcohol en el fútbol profesional está fuertemente restringido desde 1981, después de los graves disturbios de la final de la Copa de Escocia entre Celtic y Rangers de 1980. En general, no se vende alcohol al público ordinario durante los partidos, aunque sí puede servirse en zonas de hospitalidad autorizadas antes o después del encuentro. El gobierno escocés mantiene actualmente esta prohibición y ha descartado, de momento, cambiarla. En Irlanda del Norte, en cambio, no hay una prohibición general equivalente a la de Inglaterra, Gales o Escocia. La normativa permite que determinados estadios obtengan licencia para vender alcohol. El caso más claro es el National Football Stadium de Windsor Park, en Belfast, que puede tener licencia para venderlo.

Una ley nacida en el año más negro del fútbol inglés

Para entender la prohibición hay que volver a 1985, uno de los años más traumáticos de la historia del fútbol británico. Inglaterra sufría entonces un grave problema de hooliganismo. En marzo de aquel año, un partido de la FA Cup entre el Luton Town y el Millwall acabó con graves disturbios y decenas de heridos. En mayo llegaría la tragedia de Heysel, en Bruselas, donde 39 personas murieron antes de la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus después de una avalancha provocada en medio de los enfrentamientos en las gradas.

El gobierno conservador de Margaret Thatcher reaccionó con una ofensiva contra la violencia vinculada al fútbol. El alcohol era considerado por las autoridades uno de los factores que alimentaban los disturbios y ese mismo año se aprobó la legislación que todavía regula el consumo en los estadios.

Era un fútbol muy diferente del actual: estadios envejecidos, terrazas de pie, frecuentes enfrentamientos entre grupos de aficionados y una enorme presencia policial. El fútbol inglés había llegado a ser percibido casi como un problema de orden público. Cuarenta y un años después, Burnham sostiene que mantener exactamente la misma respuesta legal a una realidad que ha cambiado profundamente ya no tiene sentido.

El precedente del fútbol femenino

El gobierno, además, tiene un experimento muy cerca. La normativa de 1985 no se aplica de la misma manera al fútbol femenino y diversas competiciones han probado recientemente a permitir que los espectadores consuman alcohol en las gradas. La temporada pasada ya participaron en pruebas clubes como el Birmingham City, el Bristol City, el Newcastle United y el Southampton, y el programa se ha ampliado. La Football Supporters’ Association ha calificado la experiencia de "abrumadoramente positiva". La Asociación de Aficionados al Fútbol defiende, por ello, que ha llegado el momento de revisar una ley que considera desfasada.

La policía pide prudencia

Pero no todo el mundo lo ve tan claro. La UK Football Policing Unit, especializada en seguridad en los partidos, advierte que el fútbol continúa registrando más incidentes violentos y delitos relacionados con aficionados que otros deportes y considera que sería imprudente modificar el sistema sin estudiar antes sus consecuencias. La discusión, por lo tanto, va más allá de si se puede tomar o no una cerveza durante los noventa minutos. Enfrenta dos visiones del fútbol inglés: la que todavía considera necesarias algunas de las barreras creadas durante los años del hooliganismo y la que defiende que el fútbol de 2026 ya no puede continuar regulado como el fútbol de 1985.

De momento, Burnham no ha anunciado una reforma concreta. Pero el simple hecho de que un primer ministro británico plantee abiertamente acabar con una de las medidas más simbólicas de la era Thatcher ya ha reabierto un debate que hacía décadas que acompañaba, casi inmóvil, cada pinta abandonada antes de entrar en la gradería.

Los forofos, mayoritariamente en contra

Pero curiosamente, y en contra de lo que podría parecer, la propuesta de Burnham no entusiasma a la mayoría de los aficiondos. Una encuesta de YouGov indica que el 64% es partidario de mantener la prohibición de beber alcohol en zonas desde donde se ve el terreno de juego, mientras que solo una minoría apuesta por eliminarla. Además, más de la mitad de los encuestados considera que permitir beber en las gradas empeoraría la experiencia de asistir a un partido. Los datos muestran, por lo tanto, que a pesar de que el primer ministro defiende que la norma ha quedado desfasada, una parte importante del público continúa viéndola como una medida útil para preservar el ambiente y la seguridad en los estadios.