Las alarmas por ataques aéreos tienen un coste económico creciente para Ucrania. Cada hora en que las alertas obligan a empresas y trabajadores a interrumpir su actividad puede representar unas pérdidas de unos 38 millones de euros, según una estimación del ministro de Economía y Medio Ambiente ucraniano, Oleksandr Kravchenko.
El impacto se ha agravado a medida que Rusia ha ampliado los objetivos de su campaña de bombardeos. Además de las infraestructuras energéticas, los ataques han afectado instalaciones industriales, almacenes, centros logísticos y centros de datos. Según destaca Kravchenko, Moscú estaría intentando golpear los cimientos de la actividad económica del país.
"Lo que no habíamos previsto del todo es la rapidez con que Rusia desarrollaría estos drones con motor de reacción y los utilizaría para atacarlo todo", ha explicado el ministro.
¿Qué pasa cuando suenan las alarmas?
Las consecuencias se trasladan directamente a los puestos de trabajo. Cuando suena una alarma, muchos empleados tienen que abandonar sus puestos y refugiarse, cosa que puede paralizar durante horas fábricas, oficinas y comercios. En Kíiv, las sirenas pueden llegar a sonar durante diez horas en un solo día. "Si la gente está en un búnker, el negocio se detiene", ha resumido Kravchenko.
Para reducir este impacto, el gobierno ucraniano ha introducido un sistema de alertas dividido en dos niveles. El nivel rojo indica una amenaza de misiles y obliga a la población a buscar refugio. El amarillo, en cambio, corresponde principalmente a amenazas de drones y permite que una parte mayor de las empresas mantenga la actividad.
Más de la mitad de los negocios siguen funcionando durante las alertas amarillas, según el ministro. Pero esta categoría tampoco implica que no haya riesgo. Un ataque con un dron de propulsión de reacción impactó recientemente contra la Academia Nacional de Ciencias, en el centro de Kíiv, mientras había personal trabajando. El ataque causó dos muertes.
¿Qué pasa cuando la economía está en guerra?
La necesidad de mantener la economía activa mientras se protege a la población es uno de los dilemas que afronta Ucrania en una guerra que también está deteriorando las finanzas públicas. Kravchenko calcula que los ataques rusos han causado este año unos 10.000 millones de dólares —8.813 millones de euros— en daños a los activos fijos del país.
El ministro ha citado entre los sectores afectados la siderurgia, los almacenes y la logística, mientras que los centros de datos se han convertido en uno de los objetivos más recientes. El bloqueo de los puertos ucranianos del mar Negro también ha dificultado las exportaciones.
Kyiv prevé un futuro complicado
Kyiv prevé, además, un invierno especialmente complicado, con nuevos riesgos para el suministro energético y unas infraestructuras sometidas a una presión creciente. El gobierno estudia fórmulas para que empresas privadas puedan adquirir sistemas de defensa antiaérea, aunque Kravchenko advierte que ningún negocio puede garantizar una protección completa ante los misiles y drones rusos.
Al mismo tiempo, Ucrania sigue buscando recursos para cubrir su déficit presupuestario. Según las últimas estimaciones citadas por el gobierno, el agujero previsto para este año se ha reducido hasta los 20.000 millones de dólares —17.600 millones de euros—. Kyiv negocia ahora más apoyo con la Unión Europea, Japón, Canadá y el Reino Unido.