El cierre de bazares chinos en España empieza a dejar escenas tan sorprendentes como reveladoras desde el punto de vista económico. Yin, comerciante con años de experiencia en este tipo de negocios, describe una práctica que se repite cada vez con mayor frecuencia cuando un local baja la persiana. “Cuando cierran, en lugar de tirar las cosas las están regalando”, explica.
La situación llama la atención de muchos clientes, que aprovechan la oportunidad. Productos que durante años ocuparon estanterías y lineales terminan saliendo del establecimiento sin coste alguno. No se trata de promociones ni de liquidaciones tradicionales, sino de una decisión que responde a una lógica puramente financiera y calculada meticulosamente por los propios dueños.
El coste real de deshacerse del stock
El elemento clave de esta práctica no está en la voluntad de atraer público ni en una estrategia comercial, sino en los gastos asociados al cierre. Vaciar completamente un bazar y gestionar la retirada de la mercancía implica un coste considerable. Según detalla Yin, tirar todo el género puede suponer un desembolso cercano a los 3.000 euros. Este gasto incluye transporte, volumen de residuos, clasificación de materiales y tarifas por retirada de grandes cantidades de objetos. En este tipo de negocios, más cuando están cerrando, es importante calcularlo todo, incluso lo que cuesta bajar la persiana.
Regalar los productos, en cambio, elimina ese impacto directo. No genera costes extra inesperados y permite reducir pérdidas en el momento más delicado de la vida de cualquier comercio como lo es el cese definitivo de actividad.
Una práctica cada vez más visible
La escena comienza a repetirse en distintos puntos del país. Comerciantes que afrontan el cierre prefieren permitir que clientes o vecinos se lleven artículos antes que pagar por destruirlos. Desde fuera puede parecer una decisión llamativa, pero dentro del negocio la ecuación resulta simple. El contexto del sector explica en gran medida este fenómeno. Los bazares tradicionales han sufrido en los últimos años una presión creciente derivada del aumento de costes operativos, la competencia del comercio online y la transformación de los hábitos de consumo.
La decisión de regalar mercancía revela un aspecto poco visible del pequeño comercio como lo que el hecho de deshacerse de productos tiene un precio asociado. En determinados escenarios, ese precio resulta más importante que el propio valor de los artículos. Así pues, lo que para el consumidor puede parecer un gesto inesperado responde en realidad a una lógica empresarial friamente calculada. Así pues, los bazares no regalan nada por voluntad, lo hacen para evitar pagar más al cerrar.
