Durante años, los bazares chinos formaron parte del paisaje comercial de muchas ciudades y barrios en España. Tiendas abiertas casi todo el día, con precios bajos y una enorme variedad de productos. Sin embargo, cada vez es más frecuente ver persianas bajadas. Para Wang, empresario chino que ha regentado uno de estos negocios durante años, el motivo está en que el comercio digital ha cambiado por completo las reglas del juego.
“Las empresas chinas son las culpables de que cerremos los bazares”, afirma con cierta resignación. Wang señala directamente a plataformas como Temu, AliExpress o Shein, que han transformado el consumo de productos baratos y han reducido drásticamente el atractivo de las tiendas físicas tradicionales, las cuales han perdido parte de su atractivo para el gran público.
El impacto devastador del comercio online
Según explica, el modelo de negocio del bazar se basaba en vender productos económicos con disponibilidad inmediata. Durante mucho tiempo funcionó porque los precios eran competitivos y el cliente podía comprar sin esperar envíos. Pero la expansión de las plataformas digitales ha cambiado esa dinámica. Los grandes marketplaces ofrecen precios incluso más bajos, promociones constantes y un catálogo prácticamente ilimitado. Aunque el cliente tenga que esperar unos días para recibir el pedido, muchos prefieren pagar menos y esperar algo más.
Para los bazares tradicionales esto supone una competencia casi imposible de asumir. Los costes de alquiler, electricidad, personal y logística hacen que mantener precios tan bajos resulte inviable i por tanto, competir, una odisea.
Un modelo que ahora pierde sentido
Wang cree que el problema no es solo la competencia, sino el cambio en los hábitos de consumo. Cada vez más personas compran desde el móvil y comparan precios antes de decidirse. En ese contexto, la ventaja que tenían los bazares como eran la cercanía y el precio, se ha reducido mucho. Además, muchos de los productos que antes se encontraban en estas tiendas ahora llegan directamente al consumidor desde los fabricantes a través de internet. El intermediario desaparece y el precio final baja aún más.
El resultado, según Wang, es que muchos bazares han dejado de ser rentables. Antes iba mucha gente cada día, ahora muchos solo miran y luego lo compran por internet, explica. Para este empresario, el cierre de estos negocios refleja un cambio profundo en el comercio. Así pues, las tiendas que durante años representaron el consumo rápido y barato están perdiendo terreno frente a un modelo global dominado por plataformas digitales.
