Vivir en el centro de Barcelona puede significar algo más que estar cerca de todo. En el número 8 de la calle Salomó Ben Adret aparece una casa palacio situada sobre el trazado romano de Bàrcino, en una esquina habitada durante siglos y a escasos pasos de plaza Sant Jaume y la Catedral. Es una vivienda con historia, pero también una oportunidad de recuperar el centro como lugar para vivir y no solo para visitar.
A menos de cinco metros de la entrada se encuentra la Sinagoga Mayor, vinculada al entorno donde Jaume I convocó a Nahmánides y Pau Cristià durante la célebre Disputa de Barcelona de 1263. Incluso las fachadas del entorno explican parte de la historia de la ciudad: el terremoto de la Candelera de 1428 provocó movimientos en numerosos edificios y ayuda a entender el aspecto irregular y abombado de algunos muros del antiguo Call.
Un ático completamente exterior en pleno Gótico
La calle lleva el nombre de Salomó ben Adret, uno de los grandes juristas judíos del siglo XIII, que mantuvo correspondencia jurídica y filosófica con comunidades desde Alemania hasta el norte de África y Oriente Medio. El trazado estrecho y quebrado conserva la lógica urbana romana y altomedieval, pensada para proteger del sol, cortar el viento y facilitar la defensa de las antiguas puertas del Call.

La vivienda se encuentra en un palacio clásico fechado en 1850, al que se accede mediante una gran portalada que desemboca en un patio central y una escalera noble. Las proporciones, la piedra y la luz recuerdan a esos palacios mediterráneos que podrían encontrarse tanto en el Gótico de Barcelona como en Palma o Palermo.

El ático, situado en un tercero real, cuenta con 175 metros cuadrados construidos y unos 160 útiles, distribuidos actualmente en tres dormitorios y dos baños. Es completamente exterior: las estancias se abren hacia la calle Salomó Ben Adret, la calle de la Fruita o el propio patio noble. La orientación sur y oeste permite además que reciba luz durante buena parte del día.
Una terraza de 180 metros sobre los tejados del Call
El gran elemento diferencial está justo encima. La vivienda dispone del uso exclusivo de una terraza superior de 180 metros cuadrados, prácticamente tan grande como el propio piso. Un espacio capaz de convertirse en un jardín suspendido sobre el Gótico, compartiendo paisaje con los tejados históricos, el Carillón de la Generalitat y el cimborrio de la Catedral.

La vivienda necesita una reforma integral, aunque los forjados son modernos. No dispone actualmente de ascensor ni calefacción y cuenta con calificación energética E. Se comercializa a reformar, con la posibilidad de adquirirla ya transformada por aproximadamente 1,5 millones de euros. La propuesta estética corre a cargo del estudio barcelonés Atelier Malet, @ateliermalet en Instagram, donde pueden verse renders e ideas de reforma. Planos, fotografías actuales y documentación permiten imaginar cómo este espacio en desuso puede recuperar su función residencial sin perder el peso de su historia.
Y ahí está probablemente su mayor atractivo como lo es el poder vivir en un oasis silencioso, en una calle peatonal alejada de los grandes y ruidosos flujos turísticos, pero a dos pasos exactos de todo y con un hogar cargado de historia. Recuperar una vivienda así significa también recuperar una forma de habitar el centro de Barcelona, rodeado de dos mil años de ciudad y con un jardín privado por encima de sus tejados.