El frigorífico es uno de los electrodomésticos imprescindibles de cualquier hogar. Funciona las 24 horas del día y es fundamental para conservar los alimentos en buen estado. Sin embargo, con el paso de los años, puede perder eficacia sin que nos demos cuenta. Que el frigorífico esté encendido no quiere decir necesariamente que funcione correctamente, y detectar a tiempo las señales de desgaste puede ayudar a evitar averías. Así como reducir el consumo eléctrico y garantizar una conservación adecuada de los alimentos.
Las primeras señales que indican que el frigorífico no funciona bien
Uno de los primeros indicadores de que algo no funciona como debería hacerlo es la temperatura interior. Si los alimentos no se mantienen lo suficientemente fríos, se estropean o los frescos duran menos de lo habitual, conviene comprobar si el aparato está refrigerando correctamente. La temperatura recomendada para la nevera es de unos 4 °C, mientras que el congelador debería estar a -18 °C.

Otro indicio de que el frigorífico puede estar llegando al final de su vida útil es el ruido. Si el motor hace más ruido de lo habitual, vibra excesivamente o se enciende y apaga constantemente, podría tener algún problema mecánico o de funcionamiento. También hay que prestar atención a la formación excesiva de hielo en el congelador o a la presencia de agua en el interior de la nevera. Estos problemas pueden estar relacionados con un mal cierre de la puerta, un fallo del sistema de descongelación u otras averías que dificultan el funcionamiento del aparato.
Las gomas de las puertas son otro elemento que conviene revisar. Si están deterioradas, agrietadas o no cierran herméticamente, el aire frío puede perderse y obligar al motor a trabajar más de la cuenta. Esto puede aumentar el consumo energético y dificultar que los alimentos se mantengan a la temperatura adecuada.
¿Cuándo conviene cambiar el frigorífico?
La antigüedad del aparato también es un factor a tener en cuenta. Aunque la vida útil de un frigorífico depende de la calidad, el uso y el mantenimiento, muchos modelos pueden funcionar durante más de una década. Cuando empiezan a acumular averías, sin embargo, puede ser conveniente valorar si repararlos sigue siendo rentable. Otra señal es el aumento de la factura de la luz sin una explicación aparente. Un frigorífico antiguo o con problemas de funcionamiento puede consumir más electricidad que un modelo moderno y eficiente.

Antes de sustituirlo, es recomendable comprobar que no se trate de un problema sencillo, como una mala ventilación, una temperatura mal ajustada o unas juntas deterioradas. Renovar el frigorífico no siempre es necesario, pero ignorar las señales de un funcionamiento deficiente puede acabar saliendo caro. Mantenerlo limpio, revisar sus juntas y controlar la temperatura son medidas sencillas que pueden alargar su vida útil y ayudar a conservar los alimentos con seguridad.