La freidora de aire se ha convertido en un imprescindible en muchas cocinas. Es práctica, rápida y permite cocinar con menos aceite. Sin embargo, su uso frecuente provoca algo inevitable: acumulación de grasa y olores persistentes.

Mantenerla limpia no solo mejora el sabor de los alimentos, también ayuda a que el aparato dure más tiempo y funcione correctamente. Aun así, muchas personas no tienen claro cada cuánto hay que limpiarla ni cuál es la mejor manera de hacerlo. Los especialistas coinciden en algo básico: la limpieza debe ser regular y sencilla, sin necesidad de recurrir a productos agresivos.

Limpieza después de cada uso

Uno de los errores más comunes es dejar pasar varios días antes de limpiar la freidora. Las piezas que están en contacto directo con los alimentos deberían lavarse tras cada uso. Si no se hace, la grasa se seca, se incrusta y luego cuesta mucho más retirarla. Además, la suciedad acumulada puede afectar al rendimiento del aparato e incluso acortar su vida útil.

Un truco práctico para ensuciar menos el interior es colocar papel para hornear antes de cocinar. Esto ayuda a recoger restos de comida y reduce la cantidad de grasa que se adhiere a la cubeta.

Qué necesitas para dejarla como nueva

No hace falta utilizar productos químicos fuertes. Con agua caliente, un poco de jabón de lavavajillas y un paño suave es suficiente para la limpieza habitual. Si hay manchas más resistentes, el bicarbonato sódico es un gran aliado. Mezclado con agua, ayuda a desincrustar la grasa y, además, neutraliza los malos olores.

Paso a paso para limpiarla correctamente

Antes de empezar, es fundamental esperar a que la freidora esté completamente fría. Después:

  1. Retira todas las piezas desmontables.

  2. Lava la cubeta y el cestillo a mano o en el lavavajillas, pero solo si el fabricante lo permite.

  3. Limpia la resistencia con un paño humedecido en agua caliente. Si tiene grasa adherida, aplica una mezcla de agua y bicarbonato, deja actuar unos 15 minutos y aclara con cuidado.

  4. Pasa un paño ligeramente húmedo por el interior, evitando siempre mojar las partes eléctricas.

Hay una norma básica que no debe olvidarse: nunca se debe sumergir la freidora en agua ni mojar los componentes electrónicos.

Antes de guardarla, asegúrate de que esté completamente seca. La humedad puede provocar malos olores o afectar al funcionamiento con el tiempo. También conviene colocarla sobre una superficie estable y limpia. Con estos gestos sencillos y el uso de ingredientes domésticos como el bicarbonato, es posible mantener la freidora en buen estado, eliminar el olor a comida y evitar averías sin necesidad de recurrir a productos agresivos.