Las toallas son uno de los textiles del hogar que necesitan una limpieza más frecuente. El contacto continuado con el agua, la humedad, los restos de piel y los productos de higiene personal favorece la acumulación de residuos y malos olores. Sin embargo, lavarlas correctamente no siempre es tan sencillo como parece. Algunos errores habituales pueden hacer que salgan de la lavadora con olor a humedad, pierdan suavidad y dejen de absorber el agua como antes.
El bicarbonato y el vinagre, dos aliados para la colada
Para evitarlo, varios expertos en textiles y organización del hogar coinciden en dos recomendaciones principales. La primera es la de no sobrecargar la lavadora y, la segunda, añadir bicarbonato de sodio. Estos consejos, compartidos por profesionales como María Sánchez, Pía Nieto y los especialistas de Lisuar, pueden ayudar a recuperar las toallas y mantenerlas en mejores condiciones.

María Sánchez explica que las toallas que huelen a humedad, se endurecen o pierden capacidad de absorción a menudo son el resultado de un lavado inadecuado. Por eso, recomienda lavarlas separadamente y evitar llenar el tambor hasta arriba. Si tienen suficiente espacio para moverse, el agua y el detergente pueden circular mejor entre las fibras y facilitar su limpieza. Su propuesta consiste en añadir dos cucharadas grandes de bicarbonato de sodio directamente al tambor, junto con el detergente habitual en el compartimento correspondiente.
En lugar de suavizante comercial, sugiere utilizar vinagre blanco de limpieza para ayudar a eliminar los olores y evitar la acumulación de residuos. Los expertos de Lisuar comparten buena parte de este método. También recomiendan no mezclar las toallas con otras prendas, incorporar bicarbonato y seleccionar un programa de lavado adecuado. En cuanto a la temperatura, proponen alcanzar los 60 grados, siempre que la etiqueta del fabricante lo permita.
¿Cómo se deben secar para que queden suaves?
El proceso no termina cuando la lavadora se detiene. El secado es fundamental para evitar que la humedad quede atrapada entre las fibras y provoque malos olores. Por eso, Pía Nieto aconseja sacar las toallas inmediatamente después del lavado y asegurarse de que se sequen completamente. Esta especialista recomienda, además, no llenar el tambor más allá de la mitad cuando se quieren recuperar toallas que huelen mal.

Su propuesta consiste en lavarlas con agua entre 40 y 60 grados, añadir medio vaso de bicarbonato en el compartimento del detergente y un vaso de vinagre blanco en el del suavizante. En cuanto al secado, se pueden tender al aire libre, preferiblemente sin exponerlas directamente al sol durante demasiado tiempo, o utilizar la secadora si la etiqueta lo permite. Esta última opción puede ayudar a conseguir un acabado más esponjoso.
Finalmente, conviene recordar que los suavizantes comerciales pueden dejar una película sobre las fibras y reducir su capacidad de absorción. No sobrecargar la lavadora, retirar las toallas enseguida y secarlas del todo son hábitos esenciales para mantenerlas limpias, suaves y libres de malos olores.