Toni Cruanyes encontró a finales del verano de 2025 un refugio muy distinto a los destinos de playa y turismo masivo. El periodista del TN vespre se escapó junto a su marido hasta Tregurà de Dalt, un pequeño núcleo del Ripollès situado en plena Vall de Camprodon. A unos 1.450 metros de altitud, este rincón de montaña ofrece noches frescas incluso cuando el verano todavía no ha terminado, paisajes abiertos y una tranquilidad difícil de encontrar en otros puntos turísticos más concurridos.
Tregurà de Dalt pertenece al municipio de Vilallonga de Ter y está a unas dos horas de Barcelona en coche. Su tamaño reducido y su ubicación elevada lo convierten en un destino especialmente atractivo para parejas que buscan desconectar durante un fin de semana. Aquí no hay grandes avenidas ni una oferta turística desbordante, sino montaña, silencio y rutas que permiten pasar buena parte del día al aire libre.
Un refugio donde el paisaje marca el ritmo
Uno de los principales atractivos de Tregurà de Dalt es precisamente su entorno. Desde el pueblo se abren vistas amplias hacia la Vall de Camprodon y las montañas del Pirineo oriental. El ritmo es pausado y permite disfrutar de planes sencillos: caminar, sentarse en una terraza, descubrir los pueblos próximos o simplemente dejar pasar las horas sin tener una agenda cerrada.

También es un destino que cambia mucho según la época del año. Al final del verano y durante el otoño, cuando disminuye el número de visitantes, la sensación de tranquilidad aumenta. En invierno, en cambio, la proximidad de Vallter 2000 hace que sea una buena base para quienes quieren combinar una escapada rural con la nieve y los deportes de montaña.
Una fonda con encanto para completar la escapada
Cruanyes y su marido escogieron la Fonda Rigà, un establecimiento familiar que combina hotel y restaurante de montaña. Su ubicación permite contemplar buena parte del valle y mantiene ese tipo de alojamiento tradicional que encaja con una escapada pensada para descansar más que para acumular actividades. La gastronomía basada en producto de proximidad y el ambiente cercano terminan de reforzar el atractivo para una escapada en pareja. Después de una caminata o una jornada recorriendo la Vall de Camprodon, poder volver a un alojamiento tranquilo forma parte del propio plan.
Tregurà de Dalt demuestra que no siempre hace falta viajar demasiado lejos para encontrar un lugar capaz de cambiar completamente el ritmo. A unas dos horas de Barcelona, Cruanyes encontró montaña, temperaturas agradables y la calma necesaria antes de regresar a la rutina informativa. Un pequeño refugio pirenaico especialmente indicado para quienes buscan unos días de desconexión compartida.