Tomàs Molina y su amor por la meteorología: De pequeño siempre buscaba el principio y el final del arcoíris

Tomàs Molina convirtió una curiosidad de infancia en una profesión. Mucho antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la meteorología en Catalunya, ya miraba el cielo intentando entender lo que ocurría sobre su cabeza. Uno de los recuerdos que mejor explica esa fascinación tiene que ver con el arcoíris: "De pequeño siempre buscaba el principio y el final del arcoíris".

La imagen tiene algo muy infantil, pero también dice mucho de la manera en que nació su vocación. Molina no se conformaba con ver aparecer los colores después de la lluvia. Quería encontrar dónde empezaban, dónde terminaban y, sobre todo, entender por qué nunca conseguía llegar hasta ellos. Aquella pregunta sencilla acabó alimentando una forma de observar el mundo basada en la curiosidad.

El cielo se convirtió en una pregunta permanente

De pequeño, el arcoíris no era solo algo bonito. Era un misterio. Molina buscaba físicamente su inicio y su final, convencido de que en algún lugar debía existir un punto concreto donde pudiera encontrarlos. No lo lograba y precisamente esa imposibilidad le generaba todavía más interés.

Tomàs Molina   Instagram (8)
Tomàs Molina Instagram (8)

Con el tiempo entendió que la respuesta estaba en la propia naturaleza del fenómeno y en la relación entre la luz, las gotas de agua y la posición de quien observa. Pero antes de conocer la explicación científica ya existía algo igual de importante: las ganas de saber.

Una curiosidad infantil que terminó marcando su vida

Muchas vocaciones empiezan de una manera parecida. No siempre existe un momento solemne en el que alguien decide qué quiere ser. A veces todo comienza con una pregunta repetida durante años, una afición que nadie considera especialmente importante o una manera distinta de fijarse en cosas cotidianas. En el caso de Molina, mirar el cielo terminó convirtiéndose en mucho más que un entretenimiento. Aquella atención constante hacia las nubes, la lluvia o los cambios de tiempo acabó orientándolo hacia la meteorología.

Su historia también recuerda que la curiosidad infantil puede tener mucho más recorrido del que parece. Buscar el final de un arcoíris puede parecer una ocurrencia sin importancia cuando se tienen pocos años. Para Tomàs Molina, en cambio, aquella obsesión por descubrir algo que nunca encontraba anticipaba una vida entera haciendo prácticamente lo mismo: mirar hacia arriba, hacerse preguntas y tratar de explicar por qué el cielo nunca se comporta exactamente igual dos días seguidos.