Mudarse a otro país implica mucho más que aprender un idioma o adaptarse a una nueva gastronomía. También supone enfrentarse a normas sociales distintas que, en ocasiones, sorprenden incluso en los aspectos más cotidianos. Es lo que explica Tetsuya, un joven japonés que vive en España y que destaca las enormes diferencias culturales entre ambos países, especialmente en la forma de relacionarse físicamente con otras personas.

En Japón, el contacto físico en público es mucho más limitado. Los abrazos o los besos como saludo no forman parte de la tradición social, ni siquiera dentro del entorno familiar. Por eso, según relata, le llamó especialmente la atención que en España los abrazos sean habituales entre amigos e incluso entre personas que se conocen poco. Esta cercanía física forma parte de una cultura mediterránea donde el contacto se asocia a cercanía emocional y confianza, algo que para muchos japoneses resulta inicialmente chocante.

Dos formas distintas de entender la convivencia social

Las diferencias culturales también aparecen en otros ámbitos del día a día. Tetsuya señala que en Japón los baños públicos suelen ser gratuitos y se caracterizan por un alto nivel de limpieza y mantenimiento. En España, en cambio, le sorprendió encontrar aseos de pago en estaciones o establecimientos, además de percibirlos como menos cuidados. Este contraste refleja distintas formas de gestionar los espacios públicos y el uso colectivo de los servicios.

Otro aspecto que menciona es la cultura laboral y social. Según explica, en Japón las huelgas son prácticamente inexistentes. Aunque legalmente existen, la presión social y el fuerte sentido del deber hacia la empresa hacen que sean muy poco frecuentes. En España, por el contrario, el derecho a huelga está plenamente reconocido y forma parte del sistema democrático y sindical, siendo una herramienta habitual para reivindicar mejoras laborales o protestar contra decisiones empresariales o políticas.

El contacto físico como símbolo cultural

El choque cultural más evidente para Tetsuya sigue siendo la forma de expresar afecto. En Japón, el respeto y la educación suelen manifestarse mediante la distancia física y las reverencias, mientras que en España el saludo habitual incluye dos besos o un abrazo. Esta diferencia no implica mayor o menor afecto, sino maneras distintas de expresarlo.

Para muchos japoneses que llegan a España, esta espontaneidad puede resultar desconcertante al principio, pero también facilita la integración social. El propio Tetsuya reconoce que, con el tiempo, ha aprendido a disfrutar de esa cercanía, entendiendo que el contacto físico forma parte del modo español de comunicar confianza y cercanía emocional.

abrazo
Abrazo

Así pues, su experiencia refleja cómo pequeñas costumbres cotidianas pueden revelar profundas diferencias culturales y cómo vivir en otro país obliga a replantear hábitos que parecían universales, pero que en realidad forman parte de una identidad cultural concreta.