Sergio Llorente ha querido poner números a una de las dudas más habituales en casa sobre si conviene dejar el termo eléctrico encendido todo el día o programarlo únicamente en las horas en las que realmente necesitamos agua caliente. El electricista hizo una prueba práctica y la conclusión fue contundente: “En mi caso concreto, estaría tirando 30 euros todos los meses si no lo programo”.
Para comprobarlo utilizó un termo eléctrico de 80 litros y unos 1.500 vatios, además de un medidor de consumo. La clave del experimento fue mantener exactamente el mismo termostato en los dos escenarios. Lo único que cambió fue el tiempo de funcionamiento, ya que primero lo dejó conectado durante 24 horas y después lo programó durante siete horas repartidas en tres franjas.
De 11,22 kWh a menos de 4 kWh
Con el termo funcionando durante todo el día, el consumo registrado fue de 11,22 kWh. Si se toma como referencia una tarifa de 0,15 euros por kWh, el coste rondaba los 1,68 euros diarios. En cambio, cuando limitó su funcionamiento mediante un programador, el consumo cayó hasta aproximadamente 3,745 kWh.

Esa diferencia supone alrededor de un euro al día en las condiciones concretas de la prueba. Si se mantuviera durante un mes, el ahorro se acercaría a los 30 euros. El motivo es sencillo: si el termo permanece conectado continuamente, la resistencia entra en funcionamiento cada vez que el agua pierde temperatura, incluso aunque nadie vaya a utilizarla durante horas.
Programarlo puede tener más sentido que apagarlo al azar
La idea no es desconectar el termo sin criterio, sino adaptar su funcionamiento a las rutinas de cada hogar. Si las duchas se concentran por la mañana y por la noche, por ejemplo, puede programarse para calentar el agua antes de esos momentos y permanecer apagado durante buena parte del resto del día.
Eso sí, los 30 euros no deben interpretarse como un ahorro garantizado para todo el mundo. Dependerá del tamaño del termo, su aislamiento, la temperatura seleccionada, el número de personas de la vivienda, el consumo de agua caliente y el precio de la electricidad. Pero la prueba de Llorente deja una enseñanza útil: un aparato que trabaja sin necesidad también consume sin necesidad. Y un simple temporizador puede ayudar a evitarlo.