Para muchas personas que emigran a Japón, el país impresiona por su orden, limpieza, seguridad y cultura milenaria. Sin embargo, no todo es idílico: la cultura laboral japonesa tiene un lado extremadamente exigente que puede resultar chocante para quienes vienen de países como España. Según Sergi, catalán residente en Japón, “la vida es horrible, son unos esclavos modernos”. Esta frase resume la sensación de muchos expatriados que enfrentan una rutina laboral intensa y una cultura del trabajo que valora la dedicación extrema por encima del equilibrio personal (como él detalla en su vídeo).

Realidad laboral en Japón: largas jornadas y presión social

En Japón, la Ley de Normas Laborales establece que la jornada estándar es de 8 horas diarias y 40 horas semanales, con descansos obligatorios y días libres mínimos, como al menos un día a la semana o cuatro cada cuatro semanas. También contempla descansos durante la jornada: 45 minutos para más de seis horas y una hora si son más de ocho, y pago adicional obligatorio si se hacen horas extras o trabajo nocturno o festivo.

A pesar de estas normas, la cultura corporativa nipona lleva a muchos trabajadores a exceder con frecuencia estos límites. En numerosas empresas —especialmente en sectores tradicionales o jerárquicos— existe la expectativa no escrita de quedarse hasta que el superior directo se vaya, trabajar horas extras sin preguntarlas o participar de reuniones y actividades sociales con colegas después de la jornada.

Negocio japonés
Negocio japonés

Esta presión cultural puede verse reforzada por costumbres como el nomikai (reuniones sociales laborales en bares después del trabajo), donde se espera que los empleados participen como parte de la cohesión del grupo.

Además, aunque las leyes limitan las horas extraordinarias —por ejemplo, con acuerdos que regulan hasta 45 horas extra al mes y un máximo anual, y con sanciones por incumplimiento—, en la práctica aún se registran turnos que superan con frecuencia el límite legal sin una compensación real, y algunos trabajadores sienten que no pueden negarse.

El exceso de trabajo puede conllevar el peor de los finales en tierras niponas 

Uno de los fenómenos más extremos asociados a esta cultura de sobre trabajo es el karōshi, término que significa literalmente “muerte por exceso de trabajo”. Este problema ha sido documentado ampliamente en Japón desde hace décadas y se refiere a fallecimientos —por infarto o accidente cerebrovascular— o incluso suicidios relacionados directamente con jornadas laborales excesivas y estrés crónico.

Para muchos europeos, esta realidad resulta especialmente dura. En España, aunque también hay debates sobre la duración de la jornada laboral y el equilibrio entre vida personal y profesional, la cultura laboral no suele imponer una presión tan intensa sobre el tiempo y la disponibilidad personal. En España, la jornada semanal estándar también es de 40 horas, pero la expectativa social de largas horas extra suele ser menor y las normas de desconexión digital y descanso están avanzando de forma más visible.

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La percepción de Sergi —que los trabajadores son “esclavos modernos”— refleja no solo el esfuerzo físico, sino también el estrés psicológico que acompaña a un sistema que valora la entrega absoluta al trabajo por encima del bienestar personal. Para él y para muchos extranjeros, esto hace que la vida diaria en Japón sea difícil de conciliar con los ritmos más relajados u orientados al equilibrio que existen en otros países occidentales.

En definitiva, la experiencia de vivir y trabajar en Japón puede ser ambivalente: por un lado, ofrece seguridad, orden y oportunidades; por otro, impone una cultura laboral exigente que puede resultar agotadora y alienante para quienes no están acostumbrados a ese nivel de compromiso profesional.