Dormir mal se ha convertido en una queja muy habitual entre muchas personas mayores. Algunos se despiertan varias veces durante la noche, otros tardan mucho en conciliar el sueño y también hay quienes se levantan demasiado pronto sin haber descansado de verdad. Ante esa situación, muchas personas piensan directamente en medicación, pero los geriatras llevan tiempo señalando un matiz importante, porque en muchos casos el problema no empieza por la falta de pastillas, sino por una rutina nocturna mal organizada.
Y es que el sueño cambia con la edad. Es normal dormir de forma algo más ligera o despertarse antes que en etapas anteriores. Sin embargo, eso no significa que cada mala noche deba resolverse con fármacos. Los especialistas recuerdan que algunos hábitos muy sencillos pueden mejorar mucho la calidad del descanso, especialmente cuando se mantienen de forma constante.
El consejo más importante es repetir horarios
La realidad es que uno de los gestos más eficaces es acostarse y levantarse siempre a una hora parecida. El cuerpo funciona mejor cuando reconoce una rutina estable. Si cada noche se cena a una hora distinta, se ve la televisión hasta tarde o se cambia constantemente el momento de ir a la cama, el descanso puede volverse mucho más irregular.

De este modo, mantener un horario fijo ayuda al organismo a anticipar el sueño. No hace falta una rutina complicada. Basta con repetir pequeñas señales: bajar la luz, evitar pantallas antes de dormir, reducir el ruido y preparar el dormitorio para que sea más oscuro y tranquilo. Además, los geriatras insisten en que la cama debe asociarse al descanso, no a pasar horas viendo televisión, mirando el móvil o dando vueltas sin dormir. Si el cerebro mezcla demasiadas actividades en el mismo lugar, puede costar más desconectar.
No sustituye un tratamiento médico diagnosticado
Eso sí, este consejo no significa que todas las personas mayores deban dejar la medicación ni que los problemas de sueño no requieran atención médica. Hay casos de insomnio persistente, dolor, ansiedad, apnea del sueño u otras enfermedades que necesitan valoración profesional. La clave está en no recurrir automáticamente a una pastilla sin revisar antes los hábitos nocturnos. Muchas veces, ordenar la rutina ya mejora parte del problema.
Así pues, el consejo de los geriatras es sencillo pero importante, antes de buscar soluciones más fuertes, conviene estabilizar la noche. Misma hora, menos pantallas, menos ruido y un ambiente preparado para dormir. Para muchos jubilados, ese cambio puede marcar más diferencia de la que imaginan.