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Sandra Moñino invita a ampliar las opciones de la primera comida del día más allá del café, las tostadas o las galletas. “Una ensalada, por ejemplo, puede ser un desayuno”, explicó en el pódcast Tengo un plan. Su propuesta permite mirar de otra manera alimentos que solemos reservar para el almuerzo o la cena y plantearse si realmente necesitamos desayunar siempre lo mismo.

La nutricionista contó incluso que había desayunado judías verdes sobrantes de la noche anterior. El ejemplo resume su planteamiento: las costumbres marcan lo que consideramos apropiado a primera hora, pero podemos construir otras combinaciones. Para quien está acostumbrado a una tostada con jamón, introducir verduras puede resultar extraño al principio. Sin embargo, basta pensar en el tomate que ya acompaña muchos desayunos para encontrar un punto de partida cercano y fácil de incorporar.

Una ensalada que se adapte al hambre de cada mañana

En este sentido, la composición importa más que el nombre del plato. Una ensalada puede incluir vegetales, huevo, frutos secos, queso o aguacate, con cantidades adaptadas al apetito y a las necesidades de cada persona. Moñino plantea este tipo de combinaciones para incorporar distintos alimentos a la primera comida. La idea admite variaciones: desde un plato pequeño de tomate con huevo hasta una preparación más abundante si encaja mejor con nuestra rutina.

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De esta manera, preparar el desayuno puede empezar por revisar qué tenemos disponible. Un tomate lavado, unas verduras cocinadas o un recipiente de legumbres permiten montar algo sencillo sin encender los fogones. Para facilitarlo, conviene dejar los ingredientes preparados y conservarlos adecuadamente en la nevera. El tiempo necesario para montar el plato también cuenta, sobre todo en hogares donde la mañana se organiza entre desplazamientos, horarios escolares y la entrada al trabajo.

Cambiar la rutina sin complicar la primera comida

La propuesta puede trasladarse a la mesa de forma gradual. Añadir vegetales a un desayuno habitual permite probar sabores y descubrir qué combinaciones apetecen. Una ensalada pequeña puede acompañar al pan, mientras que otro día unas verduras pueden formar parte de una tortilla. También cabe alternar con fruta, yogur u otras preparaciones que resulten cómodas. La variedad debe poder mantenerse en la vida cotidiana, con ingredientes disponibles y una preparación asumible.

Así pues, la reflexión de Moñino abre posibilidades para quienes desayunan por costumbre. La pregunta pasa a ser qué alimentos apetecen y cómo combinarlos. Una ensalada también tiene sitio en esa elección, incluso antes del primer café.