Roser, madre de Marc Márquez: “A veces no cenábamos para comprar unas botas, hemos hecho sacrificios”

Detrás de los títulos de Marc Márquez hubo años en los que cada gasto se medía al céntimo. Su familia tuvo que elegir entre necesidades básicas y material deportivo. Roser Alentà, su madre, recuerda aquella etapa sin adornos. El motociclismo exigía dinero que apenas tenían en aquellos años difíciles.

“A veces no cenábamos”, contó en la Cadena SER al explicar cómo ella y Julià conseguían comprar botas y equipamiento para Marc y Álex. Quería recordar que los éxitos actuales comenzaron con renuncias invisibles. Desde fuera se ven campeonatos y celebraciones. En casa quedaron noches difíciles, cuentas ajustadas y muchas decisiones dolorosas.

Marc Marquez Ducati
Marc Marquez Ducati

La madre de Marc Máquez confiesa los sacrificios que tuvieron que hacer cuando el piloto empezó en el mundo del motor

Roser también trabajaba para acercar a sus hijos al circuito. Colaboró con el Motoclub Segre, atendiendo la taquilla o vendiendo bocadillos. Correr no consistía únicamente en tener talento y subirse a una moto. Había inscripciones, desplazamientos, protecciones y reparaciones. La familia entera empujaba el mismo sueño.

Julià terminó convirtiéndose en una presencia habitual en los grandes premios. Roser eligió un papel menos visible. Permanecía en Cervera mientras sus hijos competían a velocidades extremas. Esa distancia no reducía el miedo. Ella misma se define como una madre “sufridora”, incapaz de vivir una carrera con tranquilidad.

Tiene incluso su propio ritual frente al televisor. Prepara todo sobre la mesa y procura no levantarse mientras Marc o Álex están en pista. Siente que no debe perderlos de vista. Cuando ocurre una caída, espera noticias con angustia. Según contó en Onda Cero, una llamada rápida puede devolverle calma.

Roser Alentà amb Marc Márquez i Àlex Márquez   Instagram
Roser Alentà amb Marc Márquez i Àlex Márquez Instagram

Cada carrera son minutos de alta tensión

El humor le sirve para soportar la tensión. Una vez advirtió que, si los hermanos chocaban entre ellos, dejarían de entrar en casa y no volvería a prepararles macarrones. También ha bromeado con apoyar un poco más a Álex, porque debe aguantar al “pesado de su hermano”. Pero no hace diferencias.

La relación familiar conserva la naturalidad pese a los campeonatos. Roser celebró con humor cuando Marc le colocó una camiseta roja de Ducati después de un podio. Aseguró que no podía rechazar el color de su hijo. Aun así, intenta mantener neutralidad cuando ambos comparten fabricante y pelean por resultados importantes.

Su mayor orgullo tampoco está guardado en una vitrina. Le importa que Marc y Álex mantengan la humildad de sus primeros años en los circuitos de tierra. Valora que sigan bromeando y comportándose con normalidad. Considera que el dinero cambió su estabilidad, pero no debería borrar el recuerdo de lo vivido.