Llegar agotado a la cama y seguir pensando en todo lo pendiente es una situación que Roser Gort relaciona con el ritmo del día. La psicóloga, especializada en sueño y autora de El sueño lo cura todo, explica en una entrevista con Infobae que acumular obligaciones puede mantenernos demasiado activados incluso cuando sentimos que ya no tenemos energía para hacer nada más.
En este sentido, distingue entre estar cansado y encontrarse en condiciones de descansar: “Quien vive corriendo de una tarea a otra tampoco descansa bien”. Su explicación apunta al exceso de activación que puede acumularse al encadenar trabajo, responsabilidades familiares, tareas domésticas y compromisos personales. El cuerpo llega al final de la jornada, pero esa sucesión de exigencias puede dificultar la desconexión nocturna.
Las pausas también forman parte del descanso
La propuesta de Gort empieza por revisar qué hacemos entre una obligación y la siguiente. En la entrevista señala que incluso los trayectos se llenan de mensajes, noticias o contenidos que escuchar. Esos momentos que antes podían quedar libres ahora prolongan la actividad. Su planteamiento invita a recuperar espacios cotidianos sin tener que aprovecharlos siempre para resolver algo o recibir más información.

De esta manera, una pausa puede ser simplemente una pausa. Esperar unos minutos sin abrir otra aplicación o terminar una tarea sin empezar inmediatamente la siguiente son ejemplos de cómo dejar huecos en la agenda. No hace falta convertirlos en un nuevo objetivo que cumplir: la cuestión es observar cuánto espacio dejamos realmente disponible durante el día y qué hacemos con él cuando aparece.
Intentar dormir perfectamente añade otra exigencia
La preocupación por descansar también puede acabar ocupando ese espacio. Gort también explica cómo el sueño puede verse condicionado por los hábitos, las emociones y las circunstancias personales. Calcular constantemente las horas disponibles o anticipar otra mala noche puede aumentar la alerta. Acostarse termina entonces acompañado de una presión adicional por conseguir dormirse cuanto antes.
Así pues, la recomendación pasa por introducir cambios sostenibles y mantenerlos con cierta regularidad. Reservar tiempo para desconectar y reducir los estímulos antes de acostarse son algunos puntos de partida recogidos en ese artículo. La prioridad es que cuidarse resulte compatible con la vida cotidiana, sin añadir una rutina imposible de cumplir. El descanso también necesita un lugar propio entre las responsabilidades, en vez de quedar siempre para después.