La realidad del trabajo en el campo vuelve a ponerse sobre la mesa con testimonios que reflejan una situación límite. Mientras los precios en los supermercados suben, muchos productores aseguran que sus ingresos no solo no crecen, sino que apenas cubren costes. Y el caso de Rafa, agricultor, lo resume con una frase contundente.

Y es que habla de jornadas que se alargan hasta el extremo. “Perdemos 21 horas al día”, explica, en referencia a la dedicación constante que exige el trabajo agrícola. Un esfuerzo que, sin embargo, no se traduce en una rentabilidad tan espectacular como la cantidad de horas que le dedican al trabajo.

Jornadas largas y rentabilidad mínima

De este modo, el principal problema está en la relación entre esfuerzo e ingresos. Rafa asegura que, tras asumir todos los gastos, sus ingresos se sitúan en torno a 800 euros brutos. Una cifra que refleja la dificultad de sostener la actividad en un mundo sumamente duro, tanto en lo físico como en lo mental.

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este es el dinero exacto que ganan los agricultores hoy en día @Rafadq_10 @Manuel Gamito

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Y es que el campo implica costes constantes: combustible, maquinaria, fertilizantes, agua y mano de obra. A eso se suman factores externos como el clima o las fluctuaciones del mercado, que pueden alterar por completo una campaña sin que uno tenga nada que hacer al respecto.

El desequilibrio en la cadena de valor

La realidad es que muchos agricultores denuncian que el precio que reciben por sus productos está muy por debajo del que paga el consumidor final. Ese desequilibrio en la cadena de valor es uno de los principales problemas del sector. Y es que entre el productor y el punto de venta intervienen múltiples actores, lo que diluye el margen del agricultor. El resultado es un sistema donde quien produce es quien menos gana.

Esta situación no solo afecta al presente, también al futuro del sector. Muchos jóvenes no ven viable dedicarse a la agricultura en estas condiciones. El sector lleva tiempo reclamando medidas que garanticen precios justos y mayor protección frente a costes.Así pues, el testimonio de Rafa no es un caso aislado. Refleja una problemática estructural que afecta a miles de trabajadores del campo. Y pone sobre la mesa una pregunta clave: cómo hacer sostenible una actividad esencial que, en muchos casos, no lo es para quienes la sostienen.