Pilarín Bayés mantiene una relación muy especial con Vic y con la casa familiar en la que creció. La ilustradora, una de las figuras más reconocibles de la cultura popular catalana, ha explicado en varias ocasiones que nunca se imaginó viviendo lejos de la ciudad. Pero detrás de ese hogar hay también recuerdos familiares sorprendentes, como el lugar exacto en el que nacieron varios de los hermanos Bayés, la mesa de la cocina.
La propia Pilarín lo recordó entre risas al reencontrarse con sus hermanos en aquella casa, “nacimos en la mesa de la cocina, que limpiaban con salfumán”. Sus padres preferían los partos en casa porque, pese a que su padre y su abuelo estaban vinculados al hospital, desconfiaban de las condiciones higiénicas del centro.
Una infancia completamente ligada a Vic
La escena pertenece a una época muy distinta. Según recordó Bayés, las dos hermanas mayores, ella misma y su hermano Antonio nacieron en aquella cocina. Solo Elena, la más pequeña, nació posteriormente en la clínica Santa Madrona. La familia utilizaba salfumán para limpiar la mesa antes de cada parto, hasta el punto de que su madre bromeaba con el fuerte olor que quedaba en la estancia.

La casa y la ciudad aparecen constantemente cuando Pilarín habla de su infancia. De pequeña dibujaba incluso sobre las suelas de los zapatos de su padre mientras este calentaba los pies junto al fuego. Décadas después continúa viviendo en Vic y reconoce que sigue profundamente vinculada al lugar en el que comenzó a dibujar casi sin darse cuenta.
Una casa que todavía reúne a la familia
El hogar ha terminado convirtiéndose en algo más que una vivienda. Es también el lugar donde se conserva una parte importante de la memoria de los Bayés, desde aquellos nacimientos en la cocina hasta las reuniones de una familia que ha seguido muy unida con el paso del tiempo.
A sus 85 años, Pilarín continúa trabajando y recibiendo visitas en Vic. Su casa, con jardín y llena de recuerdos, sigue siendo el centro de una vida que nunca ha querido separar demasiado de sus orígenes. La historia de aquella mesa limpiada con salfumán resume precisamente eso: una infancia doméstica, peculiar y profundamente ligada a un hogar que todavía forma parte de su identidad.